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Hammams: historia, usos y significado cultural

Hammams: historia, usos y significado cultural Uno de los rituales más antiguos que ha perdurado hasta la actualidad son los baños turcos, conocidos como hammams. Más que simples lugares de higiene, los hammams han sido centros sociales donde la gente se reúne, conversa y celebra. A continuación, se explora su evolución histórica y su relevancia cultural en el mundo.

Historia: de la Antigüedad a la época contemporánea

Hammams: historia, usos y significado cultural Los orígenes de los hammams se remontan al Imperio Romano y la época helenística. Para los griegos, la limpieza era una práctica cotidiana, y los baños públicos estaban siempre llenos. Cuando los musulmanes árabes conquistaron la región en los siglos VII y VIII, adoptaron estos baños porque el islam requiere abluciones antes de la oración y enfatiza la pureza física y espiritual.

Hammams: historia, usos y significado cultural Los primeros hammams islámicos se construyeron bajo el califato omeya (661‑750) en Siria, integrados en castillos y palacios. Posteriormente, la costumbre se extendió a todo el mundo musulmán: en el siglo VII‑VIII aparecen en Volubilis (Marruecos), Córdoba y otras ciudades de al‑Ándalus; dos siglos después, Irán los utiliza también con fines terapéuticos.

En el siglo XI, bajo dominio seléucida, el Imperio Bizantino convivió con influencias persas, romanas y turcas, creando una fusión cultural que enriqueció el diseño de los baños. Cuando los otomanos tomaron el control, hicieron del hammam un elemento esencial de sus ciudades, construyéndolos en Asia, África y Europa. Gracias a los sultanes otomanos, el hammam llegó a Europa del Este y Central, y hoy aún se conservan ejemplos en Hungría, Grecia, Edirne, Bursa y Estambul, donde la arquitectura alcanzó niveles de esplendor sin precedentes.

Arquitectos otomanos como Mimar Sinan (siglo XVI) diseñaron auténticas obras maestras: el Çemberlitaş, el Süleymaniye y el Haseki Hürrem Sultan. En 1768, el sultán Mustafa III prohibió la construcción de nuevos hammams públicos, lo que provocó un auge de baños privados entre la élite, sobre todo en los suburbios del Bósforo. En Irán, los hammams safávidas (siglos XVI‑XVIII) y en la India los de estilo mogol (siglos XVI‑XIX) siguen en pie.

Hasta la década de 1920, los baños públicos eran un pilar de la vida urbana en el mundo musulmán. Con la llegada del agua corriente a los hogares, la demanda de hammams públicos decayó; muchos fueron demolidos, abandonados o reconvertidos en galerías, museos o restaurantes. En ciudades como Marrakech y Fez, sin embargo, los hammams continúan operando y siguen siendo esenciales para la población más humilde.

En la actualidad, la cifra de hammams activos ha disminuido drásticamente: en Damasco sólo quedaban 13 en 2004, y El Cairo pasó de 77 en el siglo XIX a apenas 8 a principios del siglo XXI. En los Balcanes y Grecia, muchos de los antiguos baños otomanos se están restaurando como centros culturales.

Diseño típico de un hammam

Los hammams combinan la ingeniería de los baños romanos con la tradición islámica de la purificación mediante vapor. Suelen estar integrados en complejos que incluyen mezquitas, escuelas y mercados. El recorrido típico es secuencial: vestuario → sala fría → sala tibia → sala caliente. Cada estancia está cubierta por cúpulas o bóvedas con lucernarios que permiten la entrada de luz natural y la salida del vapor.

Los materiales son resistentes al vapor: mármol, yeso lacado o piedra. El vestuario, a menudo el espacio más decorado, cuenta con una fuente central y bancos. Los calderos de fuego, situados bajo el suelo, calientan el agua y el aire que circula por los conductos, manteniendo las salas calientes de forma constante. En algunas regiones, el combustible proviene de residuos como astillas de madera o huesos de aceituna.

Servicios dentro del hammam

Los hammams atienden a hombres y mujeres, ya sea en horarios diferenciados o en instalaciones separadas. El ritual típico comienza con el desvestirse en el vestuario, cubriéndose con un paño llamado "pestil". Después, el usuario pasa de la sala fría a la tibia y finalmente a la caliente, donde el sudor se induce de forma gradual.

Un masajista del mismo sexo, llamado "kese", realiza una exfoliación vigorosa con un guante de lana y jabón, seguida de un enjuague. En algunos baños se añaden piscinas, tinas de hidromasaje y masajes relajantes. Tras la limpieza, se ofrece lavado de cabello, masaje capilar y, opcionalmente, un tiempo de descanso en el salón para conversar.

Los accesorios tradicionales incluyen el "peştemal" (toalla ligera), "nalin" (zapatillas antideslizantes), jabones perfumados y aceites esenciales.

Importancia cultural e islámica del hammam

En el islam, las abluciones (wudu) y la purificación completa (ghusl) son obligatorias antes de la oración. Los hammams, situados cerca de las mezquitas, facilitan el ghusl, ofreciendo piscinas de inmersión total. Además, funcionan como centros de higiene general y como espacios de encuentro social, especialmente para las mujeres, que en muchas sociedades conservadoras no podían reunirse en lugares públicos.

Los baños también tenían una dimensión caritativa: a través de la figura del waqf, muchos hammams fueron donados para financiar el mantenimiento de mezquitas y hospitales. Aunque algunos eruditos criticaron su uso por temores de conductas inmorales, su papel social y religioso se mantuvo vigente.

Situación actual

Hoy en día, los hammams representan una fusión entre tradición y modernidad. Los establecimientos de lujo conservan técnicas y productos ancestrales, al tiempo que incorporan servicios contemporáneos como tratamientos capilares, faciales y spa de distintas culturas. Así, el hammam sigue siendo un espejo de la vida religiosa y social de la región, adaptándose a las exigencias del turismo y del bienestar moderno.