En la historia de la humanidad muy pocos han puesto un pie en la Luna, pero hay uno que, de manera simbólica, está "enterrado" en nuestro satélite natural.
Se trata de Eugene Shoemaker, astrogeólogo que trabajó para la NASA desde la década de 1960 y alcanzó la fama cuando el cometa que impactó Júpiter en 1994 recibió su nombre (Cometa Shoemaker‑Levy). Ese choque marcó la primera vez que la humanidad observó una colisión planetaria en tiempo real, y Shoemaker, junto a David Levy, fueron los científicos que lo describieron.
¿Quién fue Eugene Shoemaker?
Apasionado por el espacio y la futura colonización lunar, Shoemaker dedicó su carrera a estudiar la geología de la Luna y a preparar a los astronautas para los terrenos que encontrarían allí. Consciente de que su mayor aporte sería como científico y no como astronauta, se convirtió en una pieza clave de los programas de la NASA.
En Estados Unidos es recordado no solo por sus exhaustivos estudios de cráteres, sino también por fundar el programa de Survey Arqueológico de EE. UU. en los años 60. Su conocimiento fue esencial para el éxito de las misiones Apolo y de otros proyectos espaciales.
Antes de su doctorado, el origen del cráter que hoy se conoce como Arizona Crater era incierto; Shoemaker resolvió el enigma. Ese cráter sirvió como campo de entrenamiento para la mayoría de los astronautas del programa Apolo, ya que sus características se asemejan al terreno lunar.
Cuanto mejor comprendían los astronautas el paisaje que iban a pisar, más eficaz era su preparación; llegar a la Luna era solo la mitad de la misión.

El viaje final
Eugene Shoemaker falleció el 18 de julio de 1997 en un accidente automovilístico. Sus colegas, conscientes de su sueño de llegar a la Luna, propusieron enviar sus restos al satélite. La NASA aceptó la idea como homenaje a su legado.
Tras la cremación, sus cenizas fueron colocadas en una cápsula de policarbonato diseñada por una empresa especializada en lanzar restos humanos al espacio. La cápsula, grabada con su nombre, fechas de nacimiento y fallecimiento y una foto entrenando a astronautas, fue a bordo del Lunar Prospector, lanzado el 6 de enero de 1998 con destino al polo sur lunar.
El Lunar Prospector alcanzó la Luna el 31 de julio de 1999 y, ese mismo día, liberó la cápsula. Las cenizas de Shoemaker llegaron a la superficie lunar, quedando “enterradas” en el lugar que siempre quiso visitar.
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