Kostas Ferris, cineasta griego, escapó a París para evitar la persecución de la Junta militar. Llegó justo cuando estallaba el Mayo de 1968, el movimiento que él llama "el más explosivo y espectacular de la historia". Ferris participó activamente: alzó una bandera negra, coreó consignas, construyó barricadas y encabezó la ocupación del Pabellón Griego en la Expo Internacional de París, que duró más que cualquier otra ocupación en Francia.
53 años después, el reconocido director, guionista y letrista concedió una entrevista a Magazine. Relató con entusiasmo sus recuerdos, diciendo: "Lo que Mayo debía hacer, lo hizo. Lo que debía lograr, lo logró. Todo cambió, sobre todo nosotros mismos".

En 1967, Ferris y sus compañeros planearon una gran oleada de cine griego, pero el golpe del 21 de abril truncó sus proyectos. Algunos huyeron a París, otros se quedaron en Grecia bajo distintas estrategias. Ferris intentó reunir dinero para ir, y con un grupo de cinco jóvenes ideó un acto de resistencia: intentar volar la estatua de Truman. El plan fracasó por el temor a herir a alguien, pero descubrieron que 192 grupos tenían la misma intención.
Tras el golpe, el director francés Jean‑Daniel Polet organizó una pequeña misión para ayudar a Ferris y a Mikis Theodorakis a escapar de Skyros. Cuando Ferris volvió a Atenas se dio cuenta de que estaba bajo vigilancia; dos de sus compañeros fueron arrestados y él mismo fue entregado a los temidos torturadores de la Junta, Kostas Karapanagiotis y Vassilis Kravaritis.

De los cinco originales, solo Ferris y el cineasta Giorgos Katakouzinos permanecieron en Atenas. Tras la intervención del Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia, Ferris salió de Grecia en noviembre de 1967 y llegó a París, una ciudad que describió como "abierta y libre".
En París se instaló en la casa de Jenny Polet, hermana del director francés. Allí descubrió la vida bohemia de los cafés como Saint‑Claude y el ambiente de exiliados griegos, estudiantes, artistas y revolucionarios.
París: una ciudad sin fronteras
Los muros de la ciudad estaban cubiertos de carteles políticos; una enorme pancarta anunciaba la "Fédération Anarchiste" y Ferris, aunque anarquista no violento, se sintió sorprendido y fascinado.
Frecuentaba el café Saint‑Claude (también llamado Café Émigré) donde se reunían figuras como Savvopoulos, Tonia Marketakis, Nikos Panagiotopoulos y Nikos Koundouros. En los barrios estudiantiles se formaban grupos: trotskistas, maoístas, sindicalistas, pero pocos anarquistas organizados. Ferris fundó una pequeña célula llamada "Anarquistas griegos".
En esa época también se publicaba la revista «Socialismo o Barbarie» de Cornelius Castoriadis, que inspiró a los "situacionistas" (creadores de situaciones). Su llamado a confrontar directamente a la gente, no al sistema, alimentó el clima revolucionario que desembocó en la huelga general del 22 de marzo y, finalmente, en las protestas de mayo.
Kornélis Kastoriádis y los situacionistas
Los situacionistas, liderados por Castoriadis y su colega Mustafa Kayati, buscaban provocar la "miseria de los estudiantes" mediante provocaciones que culminaron en ocupaciones y enfrentamientos con la policía. Muchos de ellos se trasladaron a Nanterre, donde la revolución de Mayo tomó forma.
Con la presión de los movimientos estudiantiles y la aparición de figuras como Con‑Bedit, la protesta se volvió transversal, dejando de lado ideologías y centrando la acción en la acción colectiva.
El ambiente cinematográfico
Los cineastas franceses necesitaban mano de obra barata; los griegos, hambrientos, aceptaron trabajos de asistente de dirección por 120 francos al día. En la película "The Bono Gang" Ferris interpretó a uno de los policías que mata al anarquista Bono. La producción reunió a cientos de griegos y se convirtió en una anécdota legendaria del movimiento.
La explosión de mayo
El 2 de mayo, mientras Ferris estaba en el set, se anunció la suspensión de clases en Nanterre. Los estudiantes se armaron con tapas de basura como escudos y enfrentaron a la policía. En medio del caos, un manifestante gritó: "¡Esto es Francia! ¡Esto es el apocalipsis!".
Los griegos, entre los que estaban Dionysis Savvopoulos y los miembros de Aphrodite's Child (Vangelis, Loukas y Demis), se sintieron tanto emocionados como temerosos. La noticia de la posible intervención de De Gaulle con tanques provocó pánico, pero también reforzó la determinación de seguir adelante.
La electricidad del momento
La atmósfera era de una energía casi palpable: la gente compartía boletos de metro, ofrecía vino a desconocidos y pintaba aceras improvisadamente. El consumo de hachís, LSD y la música de la época (por ejemplo, el éxito de "Rain and Tears" de Aphrodite's Child) formaron parte del caldo cultural que alimentó la revolución.

Los enfrentamientos con la policía fueron intensos; se lanzaron granadas de lacrimógenos y los manifestantes respondieron con barricadas improvisadas y arte surrealista.
Los barricadistas surrealistas
Grupos de anarquistas construyeron barricadas artísticas, algunas tan altas que se asemejaban a obras de arte. Una de ellas incluía una máquina de coser invertida como elemento central, fotografiada por los propios manifestantes.

Las barricadas se convirtieron en símbolo de resistencia y, tras la intervención policial, la opinión pública se volcó a favor de los estudiantes. De Gaulle finalmente decidió abrir las universidades y liberar a los presos políticos.
La ocupación del Pabellón Griego
El 20 de mayo, un grupo de griegos, liderado por Ferris y el camarada Carlos (español), tomó el Pabellón Griego en la Cité Universitaire. La ocupación duró hasta julio, convirtiéndose en la más larga de Francia.
Durante la ocupación se organizaron debates, conciertos y proyecciones de cine. La comunidad griega utilizó la ocasión para criticar la dictadura de la Junta y para solidarizarse con los movimientos internacionales (Rudy Dutschke en Alemania, Tariq Ali en Inglaterra, etc.).
El legado de Mayo 68
El movimiento logró cambiar la percepción de la sociedad francesa y de los estudiantes griegos en el exilio. Aunque la revolución no tomó el poder, demostró que la acción colectiva y la imaginación podían romper las barreras del autoritarismo.
Las fotografías son una generosa cesión de Kostas Ferris.