Podemos definir arbitrariamente la edad a partir de la cual una persona empieza a recordar y comprender los hechos entre los 8 y 10 años. Biológicamente, quien vivió la Segunda Guerra Mundial hoy tiene más de 85 años. En relación con la esperanza de vida actual, la generación de la guerra está desapareciendo. Cada vez quedan menos testimonios vivos que nos transmitan sus experiencias. ¿Qué implica esta pérdida para la historia y la sociedad griega?
Entrevista con el historiador Polymeris Vogli
El Magazine contactó al historiador Polymeris Vogli para indagar si la ausencia de testigos presenciales modificará la narrativa de la Segunda Guerra Mundial en Grecia.
¿Qué ocurre cuando no encontramos veteranos de guerra para entrevistar?
Vogli: No creo que la narrativa sobre la guerra greco‑italiana o la Segunda Guerra Mundial cambie. Ya está consolidada en la conciencia histórica de la sociedad griega y funciona como un relato nacional y unificador; el 28 de octubre es un ejemplo de “pasado glorioso”. No hay razón para temer una transformación en la forma en que contamos la guerra.
¿Puede la desaparición de la generación que vivió el conflicto favorecer el auge de regímenes totalitarios?
Vogli: El surgimiento de seguidores del fascismo o del nazismo no depende directamente de que la generación que presenció los horrores del conflicto haya fallecido. En décadas anteriores, esa generación actuó como baluarte contra el revisionismo histórico y la admiración tardía por Hitler. Sin embargo, la memoria por sí sola no basta. El auge de neonazis en Grecia, por ejemplo, refleja una crisis política e ideológica más profunda y requiere vigilancia constante de la sociedad y del Estado. Si no protegemos la democracia, el problema radica en las instituciones (justicia, policía, etc.).
¿Por qué la Revolución de 1821 generó héroes mientras la Segunda Guerra Mundial no?
Vogli: La revolución de 1821 se libró con caudillos y no con un ejército regular, lo que permitió que surgieran figuras heroicas destacadas por su coraje e ingenio contra los otomanos. En guerras modernas, el papel del individuo está más limitado por la disciplina y las órdenes de la alta dirección; los conflictos son, en esencia, guerras de generales. En algunos casos, la fama de oficiales de la guerra greco‑italiana quedó ensombrecida por sus posteriores actos políticos, como la participación del general‑teniente G. Tsolakoglou en el gobierno de ocupación.
¿Nos permite la distancia temporal hablar de forma más objetiva sobre esa generación?
Vogli: La distancia facilita la discusión, pero evitaría hablar de “objetividad”. El problema no es la generación sino el pasado mismo. Cuando un episodio encaja en el relato nacional, se incorpora rápidamente a la memoria colectiva, como ocurrió con la guerra greco‑italiana, percibida como épica y patriótica. Otros periodos, como la Guerra Civil, siguen excluidos de la memoria histórica por su carácter divisivo. Lo mismo ocurre con la invasión turca de Chipre en 1974: el silencio no se debe a que los testigos ya no vivan, sino a que el hecho empaña la autoimagen colectiva.
¿Cuáles son las características de la generación de la Segunda Guerra Mundial?
Vogli: En dos palabras: voluntad de resistir. La mayoría de los soldados de infantería, reservistas y muchos oficiales que combatieron en 1940‑41 contra Italia volvieron a luchar poco después, esta vez en las filas de los movimientos de liberación nacional contra la ocupación. A pesar de la superioridad del enemigo y de las represalias, cientos de miles de ciudadanos, principalmente del EAM, mantuvieron la resistencia impulsados por la defensa de la patria y la libertad.
¿Es válido comparar la actual crisis (memoria, pandemia, etc.) con la guerra?
Vogli: No. La guerra implica muerte, brutalidad y destrucción. La Segunda Guerra Mundial y la ocupación significaron hambre, represalias, el exterminio de la comunidad judía y la quema de cientos de pueblos. Usar términos como “guerra” o “ocupación” para describir problemas contemporáneos desvirtúa su contenido histórico y convierte la memoria en una herramienta política.
¿Cómo habría sido Grecia si la Guerra Civil no hubiera ocurrido?
Vogli: Es difícil especular, pero dos ideas principales emergen. Primero, la década de 1940 marcó un punto de inflexión: el eje polar del país pasó de pro‑ y anti‑Benéfilos a la división entre derecha e izquierda, una rivalidad nacida durante la ocupación que habría persistido aunque con menor intensidad. Segundo, la Guerra Civil actuó como “filtro” que dio forma a la memoria colectiva de los años 40. Sin ella, la sociedad de posguerra probablemente habría celebrado con mayor énfasis la guerra greco‑italiana y la Resistencia, mientras que muchos combatientes del EAM habrían sido perseguidos o encarcelados tras la Liberación.