En 1926 el École Internationale de Genève, en su segundo año de funcionamiento, concibió la idea de reunir a niños de distintas naciones bajo un mismo sistema educativo, con el objetivo de fomentar el diálogo pacífico y el respeto mutuo, más allá de la cultura de origen de cada uno.
Nota: Ecolint es la escuela internacional más antigua del planeta y la única con la palabra "internacional" en su nombre.
La institución se creó para servir a la Liga de Naciones, la primera organización intergubernamental cuyo mandato era mantener la paz mundial, y a la Organización Internacional del Trabajo, la agencia especializada de la ONU que promueve la justicia social mediante normas laborales internacionales.

El experimento inicial fracasó porque las distintas lenguas impedían la comunicación; los alumnos se agruparon según su idioma en todas las actividades, un problema que nunca se resolvió.
Después de la Segunda Guerra Mundial la escuela intentó nuevamente, esta vez en colaboración con la United Nations International School de Nueva York, y fundó la International Baccalaureate Organization.
En esta ocasión, todas las clases se impartían en un solo idioma, pero cada materia tenía su propia lengua: la ciencia en inglés, las matemáticas en alemán, la historia en francés, etc. Para graduarse, el estudiante debía dominar al menos dos idiomas; la mayoría alcanzaba un nivel empresarial en cuatro o cinco. Además, los niños compartían equipos deportivos y recreación. Hoy en día, muchos diplomáticos y altos ejecutivos son egresados del IB.
La visión de la École Internationale también buscaba combatir la xenofobia, aunque dio lugar a fenómenos como el «Síndrome de París», una forma grave de choque cultural que afecta a viajeros (principalmente asiáticos) que descubren que la ciudad no coincide con sus expectativas, produciendo síntomas psiquiátricos y psicosomáticos.

Como señaló Helen Roche, profesora asociada de Historia Moderna de la Cultura Europea en la Universidad de Durham, lo que nació como una herramienta contra el racismo fue aprovechado por los nazis con fines muy distintos. En su libro sobre las escuelas de élite del Tercer Reich, Roche detalla cómo, en el verano de 1935, el gobierno nazi tomó control del programa de intercambio estudiantil entre instituciones estadounidenses y alemanas, conocido como International Schoolboy Fellowship.
Ese programa había sido creado en 1927 por Walter Huston Lillard, director de la Tabor Academy (Massachusetts), con la intención de mejorar las relaciones internacionales. Participaban EE. UU., Alemania, Francia y Gran Bretaña, bajo la premisa de que el contacto directo reduce los malentendidos y fomenta amistades duraderas.
Lo que Lillard no imaginó
Para 1935, oficiales del Tercer Reich encargados de las escuelas de élite (Nationalpolitische Erziehungsanstalten o Napolas) habían diseñado un plan para apropiarse del intercambio. Su objetivo no era la cordialidad, sino difundir la ideología nazi. Copiaron métodos de la antigua Esparta y de los colegios públicos británicos, reclutando a chicos de 10 a 19 años para “formar futuros líderes”.
Tras una reunión con instituciones estadounidenses de prestigio (Harvard, Kent School y la asociación Lilland), se aprobó acoger a diez estudiantes napola en EE. UU. y enviar un número similar a Alemania. El primer viaje tuvo lugar en diciembre de 1935. Entre 1936 y 1938, cada año asistieron 15 estudiantes estadounidenses a las escuelas nazis durante diez meses, mientras 30 napolas pasaron cinco meses en colegios estadounidenses.
El primer intercambio incluyó a Reinhard Pfundtner, hijo de un alto funcionario del Ministerio del Interior del Tercer Reich. Su misión era contrarrestar la prensa anti‑nazi en EE. UU. y presentar una imagen positiva del régimen. Su padre, Hans Pfundtner, había sido uno de los principales artífices de las Leyes de Núremberg y participó en la organización de los Juegos Olímpicos de 1936.
Incluso tras la Kristallnacht (noche del 9‑10 de noviembre de 1938), Lillard instó a los directores a mantener el programa para el curso 1939‑40, argumentando que la continuidad “permitiría algo constructivo” y evitaría privar a futuros líderes de abrir sus mentes.
Los estudiantes napola justificaron la Kristallnacht como “propaganda antisemita”. Mientras tanto, algunos jóvenes estadounidenses que estudiaban en Alemania mostraron entusiasmo, practicando el saludo nazi frente al espejo y manteniendo contactos después del estallido de la guerra en 1939.
En resumen, el programa de intercambio sirvió al objetivo nazi: persuadir a sus homólogos estadounidenses de que el régimen era inocente, al menos temporalmente.