historia historica

Reveladas por primera vez las conversaciones secretas entre el Papa y Hitler

En agosto de 1939, mientras afinaba la invasión de Polonia, Adolf Hitler mantuvo negociaciones encubiertas con el futuro Papa Pío XII. Estos diálogos fueron tan discretos que ni siquiera el embajador alemán ante la Santa Sede estaba al tanto. El Vaticano mantuvo el secreto durante casi ocho décadas, hasta que la apertura de los archivos de Pío XII reveló su existencia.

Los 12 volúmenes de los documentos vaticanos sobre la Segunda Guerra Mundial, publicados en 1981, no mencionan estas negociaciones. Sólo recientemente, tras la puesta a disposición de los archivos, se ha dado a conocer lo que ocurrió.

Los historiadores critican a Pío XII por su silencio frente al Holocausto y por no condenar públicamente la agresión nazi. Cuando la SS arrestó a más de mil judíos en Roma el 16 de octubre de 1943, el Papa no emitió pronunciamiento alguno; los detenidos fueron trasladados a Auschwitz.

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En el año 2000, el Papa Juan Pablo II consideró canonizar a Pío XII, pero la fuerte oposición de la comunidad judía romana pospuso la causa. Benedicto XVI pidió esperar a la apertura de los archivos antes de decidir, aunque declaró a Pío XII "venerable", paso previo a la santidad.

Finalmente, en 2019 el Papa Francisco autorizó la apertura de los archivos, que estuvieron accesibles para investigadores a partir de 2020. Desde entonces, el hallazgo más sorprendente ha sido la evidencia de negociaciones secretas entre Pío XII y Hitler.

El predecesor del Papa y la enemistad con Hitler

Pío XI, predecesor de Pío XII, había irritado a Hitler al denunciar la persecución de la Iglesia en Alemania mediante una encíclica de 1937. Cuando el Führer visitó Roma, Pío XI se retiró a su villa de verano y rechazó la glorificación de la esvástica, calificándola "una cruz que no es la cruz de Cristo".

El nuevo pontífice y el mediador nazi

Tras la muerte de Pío XI en 1939, Eugenio Pacelli fue elegido Papa bajo el nombre de Pío XII. Hitler vio una oportunidad para mejorar la relación con el Vaticano y eligió como intermediario al príncipe Philip von Hessen, de 36 años, y cuñado del rey de Italia, miembro de los primeros SA.

Von Hessen recibió la orden de Hitler de concertar una reunión secreta con el Papa. Para canalizar los contactos se utilizó a Raffaele Travaglini, hermano de la esposa de von Hessen, bien conectado en la Curia.

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La primera reunión secreta

El 11 de mayo de 1939, en un apartamento ajeno para garantizar la discreción, el Papa se encontró con el enviado de Hitler. El Papa leyó la carta de felicitación del Führer y respondió con cautela, señalando el deterioro de la situación: cierre de colegios católicos, persecución de seminaristas y censura de publicaciones eclesiásticas.

Pío XII manifestó su disposición a llegar a un acuerdo, siempre que se estableciera un armisticio y la Iglesia pudiera seguir su labor religiosa sin interferencias políticas.

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Von Hessen explicó que el partido nazi estaba dividido entre facciones pro‑Iglesia y anti‑Iglesia, pero el Papa se mantuvo al margen de la política partidista.

Los escándalos de moralidad

El tema de los procesos contra sacerdotes acusados de delitos sexuales también surgió. El Papa afirmó que "tales errores ocurren en todas partes" y que la Iglesia intervenía inmediatamente cuando se conocían casos, aunque la historiografía señala que la Iglesia a menudo los encubría.

Respuesta nazi a la reunión

Tras el encuentro, von Hessen informó a Hitler. El Führer quedó satisfecho y ordenó: a) que el canciller Ribbentrop modificara su postura y apoyara un acuerdo; b) que la prensa alemana cesara de atacar al catolicismo; c) que se recabaran informes regionales sobre la situación religiosa; d) que von Hessen fuera enviado a Roma con propuestas concretas.

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El tema racial y el silencio sobre el Holocausto

En una reunión el 26 de agosto de 1939, apenas una semana antes de la invasión de Polonia, Hitler planteó la "cuestión racial" —la persecución de los judíos— como obstáculo para cualquier acuerdo. El Papa, sin expresar objeciones, indicó que la Iglesia no se involucraría en la política interna alemana y no manifestó preocupación alguna por la campaña antijudía.

Incluso después de la conquista de Polonia, el Papa siguió buscando un acuerdo, preguntando a von Hessen por la salud de Hitler y el estado del ejército, sin criticar la guerra.

Encuentro con el canciller Ribbentrop

El 11 de marzo de 1940, el canciller von Ribbentrop visitó la biblioteca privada de Pío XII. Tras los saludos protocolares, el Papa recordó sus años en Alemania como "quizá los más felices de su vida".

Ribbentrop expresó el deseo de hablar francamente y señaló que el objetivo de Hitler era que el clero alemán abandonara toda actividad política. El canciller también informó que el régimen había retirado al menos 7.000 cargos contra sacerdotes y continuaba financiando a la Iglesia.

Preocupaciones sobre Polonia

El Papa aprovechó la ocasión para denunciar las restricciones impuestas al clero polaco: cierre de instituciones, limitación de actividades dominicales y persecución de obispos y sacerdotes por la Gestapo.

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Mensaje de Navidad y la continuación de los contactos

En su discurso navideño, Pío XII evitó mencionar a Polonia, refiriéndose en su lugar a Finlandia. Continuó las negociaciones secretas con von Hessen hasta la primavera de 1941.

En última instancia, no se alcanzó ningún acuerdo formal; los encuentros sirvieron más bien para mantener al Papa en silencio. Hitler nunca tuvo la intención de restituir los privilegios eclesiásticos en el Reich.

El Papa nunca condenó públicamente la campaña nazi contra los judíos, ni en territorio italiano ni en Alemania. Al mismo tiempo, aunque no fue él quien pidió a los clérigos alemanes guardar silencio, ciertamente no les solicitó que tomaran acción alguna.

Si su objetivo principal como líder de una gran organización internacional era proteger los privilegios de la Iglesia católica en el Tercer Reich, sus esfuerzos podrían considerarse parcialmente exitosos. Pero para quienes ven al papado como una posición de alta responsabilidad moral, el descubrimiento de estas negociaciones secretas constituye una gran decepción.

A medida que avanzaba la guerra y la atrocidad crecía, Pío XII recibió una gran presión para denunciar el régimen de Hitler y su persecución de los judíos. Sin embargo, se negó a hacerlo hasta el final.

Con información de Atlantic