La Hungría de Miklós Horthy fue un régimen autoritario, conservador, de extrema derecha, fuertemente militarista y ligado al fascismo y al nacionalsocialismo alemán.
En 1920 el almirante Miklós Horthy, entonces ministro de Guerra (1919), fue proclamado regente del Reino de Hungría. Su figura es clave para entender los movimientos nacionalistas anticomunistas que, en la década de 1930, se extendieron por Italia, Alemania, España y el resto de Europa.
La carrera de Miklós Horthy
Horthy se formó en el ejército húngaro y, gracias a su origen noble, ascendió rápidamente. Entre 1909 y 1914 colaboró estrechamente con el emperador Francisco José I y, durante la Primera Guerra Mundial, llegó a ser almirante y comandante supremo de la flota austrohúngara.
Al final del conflicto, ocupó uno de los cargos militares más altos del Imperio, que ya se encontraba en proceso de desintegración. En ese contexto, el gobierno húngaro quedó en manos del comunista Béla Kun, cuyo breve mandato (21 marzo – 3 abril 1919) fue seguido por un gobierno anticomunista encabezado por Károly Huszár, apoyado por Horthy, quien se desempeñó como ministro de Guerra hasta abril de 1920.
El conflicto entre comunistas y anticomunistas no fue solo político; hubo enfrentamientos armados en los que los monárquicos se enfrentaron a los partidarios de Kun.
El gobierno de Huszár pretendía restaurar la monarquía y el retorno de los Habsburgo, pero el nuevo orden europeo dificultó el proyecto. Tras la ocupación militar de Budapest, Horthy asumió el título de kormányzó (regente) y mantuvo el cargo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.
Política de Horthy
Horthy representaba los intereses de la aristocracia y consideraba al comunismo una amenaza directa a sus tierras y privilegios. Uno de sus primeros desafíos fue aceptar el Tratado de Trianón, firmado el 4 de junio de 1920, que impuso duras condiciones a Hungría tras la disolución del Imperio Austrohúngaro.
Las humillantes cláusulas de Trianón alimentaron un profundo resentimiento contra los vencedores, combinándose con un creciente antisemitismo y anticomunismo que dio origen a un régimen autoritario. Aunque no llegó a ser una dictadura total como la de Mussolini o Hitler, el poder del regente superaba con creces al del parlamento.
El régimen horthyista
Durante el periodo entre ambas guerras mundiales, Hungría siguió siendo una monarquía parlamentaria, pero bajo la influencia dominante del regente. El parlamento permaneció formalmente, pero sus decisiones estaban alineadas con los dictados de Horthy.
El orden social tradicional se mantuvo intacto; Horthy, como militar, aristócrata y conservador, se opuso vehementemente al llamado «barbarismo soviético» que percibía en la frontera.
Desde 1921, Hungría promulgó leyes discriminatorias contra los judíos, mucho antes de las Leyes de Núremberg alemanas. El primer decreto, aprobado por el primer ministro Pál Teleki, limitó la cuota de estudiantes judíos en las universidades al 6 %. En 1938, bajo el gobierno de Kálmán Darányi, se intensificó la legislación antijudía, preparando el terreno para la posterior persecución nazi.
Proto‑fascismo horthyista
El régimen se situó en un limbo ideológico cercano al fascismo. Tras los protocolos de Roma de 1934, Hungría estrechó sus lazos económicos y políticos con la Italia fascista. Sin embargo, Horthy nunca adoptó plenamente el fascismo; después de la muerte de Engelbert Dollfuss (líder del Frente Patriótico austríaco), se acercó más al nacional‑socialismo alemán.
Aspiraciones de poder
Al igual que Hitler y Mussolini, Horthy deseaba consolidar su autoridad absoluta. En Hungría, a diferencia de Italia (monarquía con rey) y Alemania (república), el regente necesitaba ser proclamado rey para alcanzar la máxima legitimidad tradicional.
Durante los años 30, Horthy fue centralizando competencias, reduciendo la influencia del parlamento y acercándose al título de «Rey de Hungría». En 1937, faltaba solo el reconocimiento del Vaticano para su investidura, proceso que se vio frustrado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.