Los banquetes romanos y la práctica del vómito
En la Antigua Roma los banquetes podían durar horas y estaban repletos de platos copiosos y de difícil digestión. Como señalaba Séneca, “Vomunt ut edant, edunt ut vomant” (“Vómitan para comer, comen para vomitar”), una costumbre que revela lo extravagante de esas fiestas.
Los comensales se entregaban a comer sin pausa, y cuando la sensación de saciedad se hacía insoportable, recurrían al vómito para vaciar el estómago y volver a degustar más alimentos.
El papel de los esclavos
La tarea de recoger el vómito recaía en los esclavos, que no tenían derechos y eran tratados como simples objetos. Durante el banquete, rondaban entre los invitados y los triclinios con una vasija colgada al cuello o a la espalda, lista para recibir la petición de cualquier comensal con un simple gesto.
Esta práctica era aceptada sin escándalo; los ricos no necesitaban levantarse de su asiento para “liberarse” y podían seguir disfrutando de la comida mientras los esclavos se encargaban de la desagradable labor.