Madame de Pompadour, retratada en el cine, sufrió problemas íntimos que le valieron calumnias y burlas.
Una amante oficial que despertó odio
Una vez alcanzado su objetivo principal –convertirse en la amante oficial del rey Luis XV– Madame de Pompadour atrajo la ira implacable de la nobleza y del pueblo.
El hecho de que una mujer de origen burgués, aunque inteligente, bella y culta, hubiera entrado en la alcoba del monarca y, además, influido en sus decisiones políticas, resultó una afrenta intolerable para la aristocracia de la época.
La sátira en las calles de París
En cada calle y callejón de París comenzaron a escucharse canciones obscenas dirigidas a la “putain” Pompadour, y los panfletos insultantes se multiplicaron por doquier.
La reacción del rey
El soberano se vio obligado a solicitar a la policía la persecución de los responsables, pero pocos fueron identificados, salvo uno que, lejos de los barrios bajos, se movía dentro del propio tribunal, donde los enemigos de la Marchesa abundaban.
El autor de los versos escatológicos
Entre los más feroces críticos se encontraba Jean‑François Phélypeaux, conde de Maurepas, secretario de Estado, autor de horribles versos contra la favorita. Cuando sus poemas fueron descubiertos, el rey lo despidió de inmediato.
Los versos que provocaron la expulsión
Al conocer los embarazosos problemas íntimos que aquejaban a Pompadour –una infección uterina que provocaba una descarga vaginal desagradable– el político malintencionado difundió “poemas” como el siguiente:
«Encanta nuestros corazones; siembras flores en nuestro camino. Pero son flores blancas».
Una alusión no muy sutil, comprensible para todos, a la molesta secreción vaginal de su víctima.