
Una jornada real entre deberes y aficiones
¿Cómo pasaba Luis XVI su día? Entre una infinidad de compromisos y sus múltiples pasiones, el último rey de Francia antes de la Revolución llevaba una vida sorprendentemente sencilla.
Carácter y costumbres
Lejos del estereotipo del monarca autoritario, Luis XVI era reservado, modesto y jovial. A pesar de su posición, se mostraba cercano, evitando la arrogancia y manteniendo gustos simples.
El “grand lever” y el desayuno
Se levantaba a las ocho de la mañana y, siguiendo la etiqueta, participaba del solemne grand lever. Sin embargo, le molestaba la rigidez excesiva de la ceremonia y, a menudo, la aligeraba con bromas y risas junto a sus criados.
El desayuno era abundante: costillas, huevos, jamón y champán, reflejando su legendario apetito.
Un rey aficionado a la ciencia
Después de comer, se dirigía a su taller. No era un simple herrero; era un estudioso riguroso de mecánica y ciencias aplicadas, con gran destreza manual.
Pasaba horas leyendo libros de geografía, física, relojería, literatura clásica e historia. Su amor por la cultura lo llevó a transformar la antigua sala de juegos de Luis XV en una bien surtida biblioteca.
Deberes oficiales
Entre sus obligaciones estaban las audiencias, el estudio de la situación del país con ministros y colaboradores, y la presidencia de al menos tres reuniones semanales del Consejo. Cada mañana asistía a misa, lo que para él representaba más placer que obligación.
Aficiones y descanso
La caza era una de sus actividades favoritas, mientras que los bailes y galas trataba de evitar, prefiriendo retirarse a dormir antes de las diez.
En resumen, su vida cotidiana era simple; el único lujo real era la buena comida.