Retrato de Enrique III. El monarca lleva un par de pendientes de perlas, una de sus grandes pasiones.
La personalidad compleja de Enrique III (1551‑1589), rey de Francia, hijo de Enrique II y Caterina de Medici, y último miembro de la dinastía Valois en ocupar el trono, ha sido objeto de innumerables relatos, sin que se haya logrado dibujar un perfil claro y definitivo.
Lo que sí sabemos es que mostraba un carácter ambivalente: era amable pero capaz de explosiones de ira; orgulloso y altivo, pero a menudo extravagante y excéntrico.
Una de sus señas de identidad era su pasión por la moda. Cuidaba su apariencia con una obsesión casi maníaca, adoraba la ropa elegante y refinada, los perfumes y las joyas. Además, vestirse como mujer era para él una costumbre indispensable.
Existen varios anécdotas al respecto, transmitidas por la tradición o recogidas en crónicas de la época. Una de las más citadas relata una fiesta celebrada en el castillo de Blois en 1575, donde el soberano apareció vistiendo un vestido de encaje con escote pronunciado, un collar de perlas y el cabello rizado, provocando gran revuelo entre los presentes.