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Enrique IV de Borbón, el Grande: el rey que olía a ajo

Enrique IV de Borbón, el Grande: el rey que olía a ajo

El rey que olía a ajo

Enrique IV de Borbón (1553‑1610), conocido como el Grande, fue el primer monarca de la dinastía Borbónica en Francia.

En 2008 se generó gran expectación cuando, tras la investigación de dos periodistas, se encontró un cráneo momificado que se creía pertenecía al rey. Tras exhaustivos análisis, la mayoría de los especialistas lo atribuyen a Enrique IV, aunque persisten voces discordantes. El debate sigue abierto.

En este artículo no profundizo en el cráneo, sino que relato una curiosa anécdota sobre la personalidad del soberano, ya que mi sitio se dedica a curiosidades históricas, grandes o pequeñas.

Resulta que Enrique IV no era aficionado a la higiene personal, una práctica bastante común en la corte francesa de la época, incluso entre reyes posteriores.

Lo que realmente lo distinguía era su amor por el ajo. Lo consumía con frecuencia y, después de comer, ni siquiera se enjuagaba la boca ni lavaba sus manos.

¿El resultado? Algunos contemporáneos lo describieron como un hombre que olfateaba a carne podrida. No es el mejor elogio para un rey.

Foto: Wikipedia