Cuevas y refugios rocosos
Las cuevas y los refugios bajo rocas eran la forma más frecuente de albergue para los cazadores‑recolectores. Ofrecían protección natural contra el clima y los depredadores. Suelen encontrarse en acantilados o a lo largo de cañones, lo que también proporcionaba un punto estratégico para la caza y la defensa.
Toldos y chozas
También construían estructuras temporales con pieles de animales, corteza, hojas y hierbas. Estos refugios eran ligeros y fáciles de desmontar, lo que permitía desplazarse rápidamente al seguir a las presas o buscar nuevas fuentes de alimento.
Plataformas arbóreas
En algunas regiones, se levantaban plataformas en los árboles atando ramas y vegetación. Elevadas sobre el suelo, protegían tanto de animales como de inundaciones provocadas por ríos o mareas costeras.
Refugios subterráneos
Otros grupos cavaban viviendas bajo tierra. Estas cuevas artificiales aislaban del calor y del frío extremos, y eran útiles donde escaseaban los materiales de construcción.
La elección del refugio dependía de la disponibilidad de recursos, las condiciones ambientales y las necesidades específicas del grupo. Cada tipo permitía establecer campamentos temporales o permanentes mientras se recorrían los territorios en busca de recursos.