Evidencia histórica
Registros antiguos: Los historiadores romanos Tácito y Plinio el Joven describieron la erupción en sus obras, ofreciendo testimonios de primera mano y detallados relatos del suceso.
Evidencia arqueológica
Las excavaciones en Pompeya han desenterrado ruinas perfectamente conservadas: edificios, viviendas y objetos cotidianos. La capa de ceniza y piedra pómez que los cubrió muestra la rapidez e intensidad del evento, congelando a personas y objetos en el tiempo.
Evidencia geológica
La erupción está vinculada al cercano Vesubio. La composición química de la ceniza y la piedra pómez halladas en Pompeya coincide con la del Vesubio, confirmando su origen.
Evidencia dendrocronológica
El análisis de anillos de los árboles cercanos a la ciudad permite fechar la erupción. Los estudios indican que el desastre ocurrió en el verano del año 79 d.C.