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Las confesiones de brujería más fascinantes de Escocia: el caso de Forfar

El tranquilo municipio de Forfar, en el este de Escocia, fue escenario de uno de los episodios más escandalosos de la historia local. Entre 1660 y 1661, en el apogeo de una caza de brujas nacional, más de veinte mujeres acusadas fueron ejecutadas. En el parque público de la ciudad se erigió una piedra con la inscripción Forfar witches, rodeada de veintidós puntos que representan a las víctimas, y la frase Only humans. El monumento, obra de la pareja escocesa Mark y Marie Cashley, busca reconocer públicamente la injusticia sufrida por estas personas, consideradas herejes que habían hecho pacto con el diablo.

Las confesiones de brujería más fascinantes de Escocia: el caso de Forfar

Antecedentes históricos

En 1661, Forfar vivió una intensa caza de brujas iniciada por el alcalde Alexander Robertson. Más de cuarenta supuestas brujas fueron detenidas en la caseta del peaje municipal. Los ministros, acompañados de un notario, interrogaban a los acusados, anotando sus confesiones. Si los relatos coincidían con los elementos típicos de la brujería —pacto demoníaco, reuniones con el diablo, renuncia al bautismo, maleficium y actos dañinos—, los condenados eran estrangulados y quemados.

Hoy en día los documentos judiciales de la época están disponibles para los investigadores; las "confesiones de brujería" resultan ser fuentes fascinantes que revelan una mentalidad totalmente distinta a la nuestra.

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Helen Guthrie: la protagonista del juicio

El caso más destacado de Forfar es el de Helen Guthrie, cuya acusación comenzó en septiembre de 1661. Su confesión, entregada con un tono sorprendentemente cooperativo, es la más detallada del proceso y combina ideas de injusticia, brujería y demonología. No se sabe con certeza si se utilizó tortura, aunque se sabe que en Forfar se empleaba el bridle, un instrumento de presión. Es posible que Helen haya fabricado su relato para evitar un castigo mayor, o que realmente creyera en lo que narraba.

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Una “injusticia” de brujería

Desde el inicio de su primera confesión, Guthrie describe lo que significaba ser bruja: se autodefine como una mujer "muy ebria, maldita y de vida perversa". En la época, el chisme, el alcohol y la rudeza estaban asociados a la brujería. Además, asegura poseer la capacidad de reconocer a otra bruja en 24 horas lanzando tres papeles sangrientos sobre el sospechoso.

Los interrogadores, obsesionados con el diablo, buscaban extraer todo detalle sobre el supuesto pacto demoníaco. Helen relata que el diablo entró en su celda, la levantó y trató de liberarla, aunque los guardias la detuvieron con sus espadas. No está claro si el relato es una alucinación, una invención o una mezcla de ambas.

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Los encuentros con el diablo

El 28 de octubre de 1661, tras más de un mes de prisión, Helen vuelve a confesar. Detalla tres encuentros con el diablo:

  • En el cementerio de Forfar, el diablo se presenta como un "hombre negro de hierro"; todos bailan alrededor de un fuego y el diablo besa su mano.
  • En una segunda reunión, vuelan juntos hasta que son interrumpidos por transeúntes, una escena que recuerda el famoso mito de las brujas voladoras.
  • En la última, se reúnen en la casa de una bruja, beben con el diablo y conspiran contra un hombre llamado John Benny.

Estos rituales festivos —canto, baile y consumo de bebidas con el diablo— fueron considerados ilegales ya en el siglo XIX, según la historiadora Christina Larner.

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Brujería cotidiana

Helen también describe actos de brujería más “comunes”. Relata la profanación de la tumba de un bebé no bautizado, del que supuestamente hicieron un pastel para evitar confesiones, y la destrucción de un puente en Cortachy mediante un viento sobrenatural. Además, narra el hundimiento de un barco en el puerto de Carnoustie, donde el diablo tomó la forma de un gran caballo. En su relato aparece también John Tailzeour, acusado de transformarse en cerdo.

Estas confesiones, aunque pueden haber sido forzadas o imaginarias, fueron suficientemente convincentes para que los jueces condenaran a Helen a muerte.

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Antropología: entonces y ahora

La psicología moderna ofrece explicaciones para algunos fenómenos que antes se atribuían a la brujería, como la parálisis del sueño. Hoy podríamos diagnosticar a Helen con trastornos de la personalidad o con psicosis, pero muchos aspectos de sus relatos siguen sin explicación. En la época, la brujería era una forma de dar sentido a lo desconocido; solo con la expansión de la Ilustración y la ciencia moderna esa visión empezó a desvanecerse, aunque la superstición persiste en la actualidad.

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Referencias

[1] Joseph Anderson (ed.), “The Confessions of the Ancestor Witches (1661)”, Proceedings of the Society of Antiquaries of Scotland, 22 (1887‑88), 242‑254.

[2] … (las demás referencias se conservan tal como aparecen en el texto original).