En los antiguos Juegos Olímpicos, la participación femenina como atleta estaba prohibida; solo los hombres podían competir.
Las mujeres podían asistir como espectadoras, y en festivales dedicados a diosas, como los Juegos de Hera en Olimpia, se organizaban competencias exclusivas para ellas.
Esta exclusión se mantuvo durante toda la época clásica y no se revocó hasta la creación de los Juegos Olímpicos modernos, que comenzaron en 1896 y permitieron la inclusión de deportistas femeninas.