El panorama político al regreso de Julio César
Cuando Julio César cruzó el Rubicón y se dirigió a Roma, la ciudad se encontraba sumida en una profunda polarización. Por un lado estaban sus seguidores, encabezados por el tribuno Marco Antonio, que pedían su regreso y la ratificación de sus victorias en la Galia. Por otro, los optimates, liderados por Cayo Casio Longino, Marco Tulio Cicerón y Cayo Julio César (Cato el Joven), defendían la defensa de la República y exigían que César dejara su ejército.
La recepción en la entrada de la ciudad
Al acercarse a las murallas romanas, César fue recibido por una multitud entusiasta que lo vitoreaba como héroe. Sin embargo, los optimates intentaron bloquear su paso, argumentando que debía desbandar sus legiones y entrar como ciudadano privado. César rechazó la exigencia, alegando su derecho a entrar con su ejército como general victorioso, y forzó la entrada a la capital.
Consolidación del poder
Una vez dentro, César se dirigió al Senado y exigió la confirmación de sus actos en la Galia. Tras un intenso debate, la mayoría aprobó sus decisiones, aunque no sin oposición. A partir de entonces comenzó a recompensar a sus aliados y a castigar a sus adversarios, convirtiéndose rápidamente en la figura política dominante de Roma.
Este episodio marcó el inicio de la transformación de la República en un régimen bajo la autoridad de César, sentando las bases para los acontecimientos que culminarían en el Imperio.