Antecedentes
En el siglo XIX, la nación Creek dominaba gran parte del sureste de lo que hoy son Alabama, Georgia y Florida. La tribu estaba dividida en dos facciones principales: los Upper Creeks, más tradicionales y reacios a los cambios, y los Lower Creeks, más abiertos a adoptar costumbres europeas.
En 1813, el gobierno de los Estados Unidos presionó a los Creek para que cedieran sus tierras. La tensión alcanzó su punto álgido cuando, en julio de 1813, guerreros del grupo militante conocido como Red Stick atacaron el fuerte de Mims (Fort Mims) en Alabama, dejando más de 250 muertos.
La Batalla
Como respuesta, el ejército estadounidense, bajo el mando del general Andrew Jackson, inició una campaña contra los Red Stick. Después de derrotar a varias aldeas, Jackson obligó a los Creek a refugiarse en una curva en forma de herradura del río Tallapoosa, conocida como Horseshoe Bend.
El 27 de marzo de 1814, las fuerzas de Jackson rodearon el enclave y lanzaron el ataque. La lucha fue encarnizada; se estima que más de 1.000 combatientes Creek murieron o resultaron heridos, mientras que el ejército estadounidense perdió alrededor de 50 hombres.
Consecuencias
La victoria en la Batalla de Creek supuso el colapso del poder militar de los Red Stick y obligó a la tribu a ceder vastas extensiones de territorio. El conflicto concluyó en 1814 con el Tratado de Fort Jackson, que forzó la entrega de más de 23 millones de acres a los Estados Unidos y desencadenó la expulsión de los Creek de sus tierras ancestrales.
Este triunfo también abrió el camino para la expansión europea en el sureste, sentando las bases para la posterior incorporación de la región al territorio estadounidense.