1. Creencias religiosas
Durante la Reforma y la Contrarreforma se intensificó el fundamentalismo y la intolerancia. Tanto protestantes como católicos buscaban imponer la ortodoxia, considerando a los judíos y a las supuestas brujas como amenazas al orden cristiano.
2. Creencias supersticiosas
El miedo a lo desconocido alimentó la creencia en la brujería. Se culpaba a las brujas de desastres naturales, enfermedades y fracasos de cosechas, tratándolas como peligros para la comunidad.
3. Factores sociales y económicos
Judíos y mujeres acusadas de brujería eran frecuentemente marginados. En épocas de crisis económica se los utilizaba como chivos expiatorios, y los grupos poderosos a veces aprovechaban las acusaciones para eliminar competidores.
4. Explotación política
Los procesos contra minorías ofrecían a autoridades y eclesiásticos una herramienta para desviar la culpa de sus propias fallas, instaurar el terror y reforzar la conformidad religiosa y social.
5. Falta de conocimientos científicos
Ante fenómenos que hoy explicamos científicamente, entonces se recurría a causas sobrenaturales, lo que perpetuaba la creencia en la brujería y el demonio.
6. Dinámicas de género
Las mujeres, sobre todo las pobres, viudas o ancianas, sufrían una opresión particular y eran las más vulnerables a ser señaladas como brujas, bajo la idea de que estaban más expuestas a la tentación del diablo.
7. Dinámicas de poder
Acusar de brujería o conspiración judía permitía a individuos denunciar a rivales, creando un clima de sospecha que derivaba en condenas y ejecuciones injustas.
Si bien existieron episodios y regiones de relativa tolerancia, la combinación de fanatismo religioso, superstición, agitación social y oportunismo político alimentó la intensa persecución de judíos y brujas en la era moderna temprana.