Hernán Cortés, el conquistador español que encabezó la caída del Imperio azteca a principios del siglo XVI, partió hacia el Nuevo Mundo con varios objetivos claros.
Riquezas materiales
El principal impulso era la búsqueda de oro, plata y otras riquezas que pudieran enviarse a la Corona española. Los relatos sobre los inmensos tesoros aztecas motivaron a Cortés y a sus hombres a explorar y saquear las ciudades indígenas.
Territorios para colonizar
España deseaba expandir sus dominios y establecer colonias permanentes en América. Cortés pretendía adjudicarse tierras, fundar asentamientos y crear una base estratégica para el control político y económico de la región.
Conversión religiosa
Además, los conquistadores llevaban la misión de difundir el cristianismo. Creían que era su deber convertir a los pueblos originarios al catolicismo, y veían la conquista como una oportunidad para cumplir con esa "obra de evangelización".
Resultados y consecuencias
En efecto, Cortés logró obtener abundantes cantidades de oro y plata, fundó ciudades como Veracruz y México‑Tenochtitlán bajo dominio español, y forzó la conversión de millones de indígenas. Sin embargo, estas gestas provocaron una catástrofe demográfica y cultural: enfermedades, guerras y trabajos forzados diezmaron a la población nativa, y sus tradiciones fueron prácticamente anuladas.