Respuesta
La victoria de Saladino en la Batalla de Hattín y la posterior toma de Jerusalén en 1187 supusieron un punto de inflexión decisivo, pero no pusieron fin a las Cruzadas. Tras la pérdida de la ciudad santa, los reinos cristianos organizaron nuevas campañas militares que se prolongaron durante varios siglos.
El más inmediato fue la Tercera Cruzada (1189‑1192), liderada por Ricardo Corazón de León, Felipe II de Francia y Federico Barbarroja, que buscó reconquistar Jerusalén sin éxito definitivo. Posteriormente se sucedieron la Cuarta Cruzada (1202‑1204), que terminó con el saqueo de Constantinopla, y otras expediciones como la Cruzada de los niños (1212) y la Cruzada al norte de África. Aunque la mayoría de estas campañas resultaron infructuosas, demuestran que las Cruzadas no fueron concluidas únicamente por las acciones de Saladino.
En resumen, aunque la conquista de Jerusalén por Saladino marcó el comienzo del declive del movimiento cruzado, las Cruzadas continuaron como un fenómeno histórico que se extendió mucho más allá de 1187.