Contexto mundial a mediados del siglo XVI
En la segunda mitad del siglo XVI, España y Portugal dominaban la expansión ultramarina tras el Tratado de Tordesillas (1494), que dividía el mundo en dos zonas de influencia. Ambos imperios buscaban rutas comerciales y territorios en Asia y África.
En 1549, el misionero jesuita Francis Xavier llegó a Japón, iniciando una ola de actividad cristiana impulsada por órdenes como los franciscanos y los dominicos. Los misioneros no solo predicaban, sino que también actuaban como intermediarios comerciales y, en algunos casos, como agentes políticos con la intención de abrir paso a la colonización.
Mientras tanto, Portugal empezaba a declinar tras la unión dinástica con España en 1580, y España dirigía su mirada hacia el sudeste asiático, estableciendo Manila en 1571 como base para sus incursiones.
Política interior de Toyotomi Hideyoshi
Hideyoshi, quien unificó Japón después de Oda Nobunaga, se mostró inicialmente tolerante con los extranjeros. Sin embargo, en 1587 promulgó el Edicto Batería, prohibiendo la propagación del cristianismo entre la élite samurái y ordenando la expulsión de misioneros que pretendieran convertir a los daimyo. La medida buscaba preservar la autoridad del Estado frente a la influencia extranjera.
El envío de tropas a Corea (1592‑1598)
En 1592 Hideyoshi lanzó la invasión de Corea con el objetivo declarado de subyugar a la dinastía Ming y, a través de ella, controlar el continente asiático. La experiencia japonesa de la invasión mongola en el siglo XIII había dejado una profunda impresión: el país temía una posible coalición de Ming, Corea y potencias europeas que pudiera amenazar su seguridad.
La campaña, conocida como la Guerra Imjin, se prolongó siete años, costó la vida a más de 100 000 soldados japoneses y agotó recursos considerables. La muerte de Hideyoshi en 1598 puso fin a la ofensiva, y Japón se retiró sin haber logrado sus metas territoriales.
Hipótesis sobre la relación con España
Algunos historiadores sugieren que Hideyoshi consideró a España como un rival potencial en Asia. Los jesuitas habían informado a sus superiores sobre el poder militar japonés, lo que despertó el interés español en una posible alianza contra Ming. Documentos de 1585 indican que el vicario jesuita en Japón pidió apoyo militar a Manila para proteger a los daimyo cristianos.
No obstante, Hideyoshi utilizó esa información para reforzar su propia agenda expansionista, sin intención de cooperar con los españoles. Las negociaciones nunca se concretaron y Japón actuó de forma independiente.
Consecuencias y legado
El fracaso de la invasión coreana debilitó la administración Toyotomi y contribuyó al ascenso de Tokugawa Ieyasu, quien estableció el shogunato Tokugawa en 1603. Tras la derrota española en la Armada Invencible (1588), Japón adoptó una política de aislamiento (sakoku) que culminó con la prohibición del cristianismo en 1612.
En resumen, el envío de tropas a Corea no fue sólo una aventura beligerante, sino una estrategia de Hideyoshi para proteger a Japón de amenazas externas, expandir su influencia y contrarrestar la creciente presencia europea en Asia.