24 de febrero de 2022 – Rusia invadió Ucrania bajo la dirección del presidente Putin.
Sin embargo, la historia muestra que, mucho antes, la predecesora de Rusia, la Unión Soviética, también buscó aprovechar el final de la Segunda Guerra Mundial para atacar a Japón. El proyecto de Stalin consistía en dividir el archipiélago en dos: el norte bajo control soviético y el sur bajo el de EE. UU., un escenario similar al de la península coreana.
Esta hipótesis, aunque hoy parezca fantasía, estuvo a punto de convertirse en realidad en el momento en que Japón se rindió. En la película de Makoto Shinkai, El lugar prometido en las nubes, la trama parte de una división ficticia entre Hokkaido y Honshu; la historia se inspira en la verdadera amenaza que existía en 1945.
La batalla decisiva que evitó la división de Japón: Shumshu
El 18 de agosto de 1945, en la isla Shumshu, la más septentrional de las Kuriles, se libró la única acción militar después de la capitulación japonesa. Hasta entonces, las Islas Kuriles y los Territorios del Norte (Kunashir, Habomai, Iturup y Shikotan) habían sido territorio japonés desde el Tratado de Kanagawa (1855) y el Tratado de intercambio de Sakhalin y Kuriles (1875). Tras la guerra, la URSS ocupó ilegalmente esas cuatro islas entre el 28 de agosto y el 5 de septiembre de 1945.
En Shumshu estaba estacionada la 91ª División del Ejército Imperial Japonés, con el Regimiento de Tanques 11 al mando del coronel Sueo Ikeda. Este regimiento, conocido como el "Cuerpo Samurai", contaba con tanques ligeros y una moral excepcional.
La invasión soviética de Shumshu
El 9 de agosto de 1945, apenas seis días antes de que Japón aceptara la Declaración de Potsdam, la URSS declaró la guerra a Japón, rompiendo el Tratado de Neutralidad Soviético‑japonés de 1941. El objetivo de Moscú no era solo castigar a Japón, sino asegurar la ocupación de Hokkaido.
El 18 de agosto, al amanecer, tropas soviéticas desembarcaron en la zona de Takedahama, la punta norte de Shumshu. Los soldados japoneses, convencidos al principio de que se trataba de fuerzas estadounidenses, pronto reconocieron al enemigo rojo.
Ante la inesperada llegada, el Teniente General Kiichiro Higuchi, comandante del Ejército de la Quinta Área, debió decidir si ordenar una contra‑ataque pese a la rendición oficial. Optó por ordenar a la 91ª División que resistiera y dio la orden de salida al Regimiento de Tanques 11.
Desarrollo de la batalla
Los soviéticos llegaron desorganizados: sus embarcaciones se sobrecargaron, algunas encallaron y sus tropas fueron arrojadas al mar. La artillería japonesa hundió el buque soviético número 13 y provocó cientos de bajas, aunque la fuerza de invasión ascendía a unos 20 000 hombres.
El Regimiento de Tanques 11, pese a que varios vehículos carecían de munición y radio, lanzó un ataque sorpresa desde el monte Tenjin. A las 5:50 a.m. los tanques japoneses avanzaron y lograron detener temporalmente al enemigo, obligándolo a retroceder a Takedahama.
Sin embargo, la superioridad aérea soviética, con aviones antitanque, destruyó la mayoría de los tanques. El coronel Ikeda perdió la vida en su propio vehículo, que ardió hasta el último instante. En total, Japón perdió 27 tanques y 96 soldados; la URSS sufrió más de 1 500 muertos y desaparecidos.
Aunque la resistencia japonesa se mostró heroica, a las 16:00 del 18 de agosto llegó una orden de alto el fuego del Cuartel General de la Quinta Área, obligando a la 91ª División a cesar las hostilidades. El 21 de agosto se firmó un cese de fuego y, el 23, se inició el desarme.
Consecuencias y olvido
Los prisioneros japoneses fueron trasladados a barcos soviéticos y enviados a Siberia, donde permanecieron en trabajos forzados de dos a cuatro años. Al regresar a un Japón devastado, su heroica defensa quedó prácticamente invisible en la narrativa oficial, que enfocó la culpa en la militaridad japonesa y relegó la batalla de Shumshu a un episodio “inútil”.
Incluso cincuenta años después, la conmemoración fue mínima: la visita del ministro de Salud y Bienestar y la ausencia de la gobernación de Hokkaido demostraron el olvido institucional.
Legado del Regimiento de Tanques 11
En la actualidad, la 11ª Brigada de Tanques de la Fuerza Terrestre de Autodefensa de Japón, con sede en Eniwa (Hokkaido), mantiene viva la tradición del “Cuerpo Samurai”. Su insignia lleva la palabra “Espíritu” y se autodenomina "Batallón Samurai de Tanques" en honor a Ikeda y sus compañeros.
Reflexión
La batalla de Shumshu evitó que la URSS ocupara Hokkaido y, potencialmente, dividiera Japón en dos estados. Sin ese enfrentamiento, el mapa actual de Japón podría ser muy distinto. Recordar este episodio es reconocer el sacrificio de soldados que, aunque vencidos, defendieron la integridad del país.
Como dijo el ex‑primer ministro Taro Aso, es deber honrar a quienes entregaron su vida por la nación. La historia de Shumshu nos recuerda que la libertad que disfrutamos hoy no fue inevitable.