Introducción
El periodista y escritor François Gautier, en su artículo Hindu Power, afirma que la caída de la civilización india y de los hindúes se explica por “vicios” como la cobardía, la pasividad, la hiper‑tolerancia y la sumisión, los cuales él asocia al budismo. Según Gautier, la política de no‑violencia habría dejado a hindúes y budistas indefensos frente a invasiones y conflictos.
Este texto reconoce la existencia de esos rasgos, pero los atribuye a la política del Dhamma promovida por el emperador Ashoka, no a la doctrina original de Mahatma Buda.
¿Fue el budismo la causa del declive?
Como estudiante de historia, acepto los datos citados por Gautier sobre masacres y conversiones forzadas en Afganistán, Pakistán, Kashmir, Bangladesh y la India. Sin embargo, sostengo que la cobardía, la inacción y la hiper‑tolerancia que debilitaron a hindúes y budistas no provienen de la enseñanza de Buda, sino de la aplicación estatal del Dhamma por parte de Ashoka.
Buda promovía la no‑violencia como una actitud personal, no como política de Estado. Sus diálogos, como el con el bandido Angulimala, demuestran que la compasión no implica sumisión. Reyes que apoyaron el budismo (Bimbisara, Ajatashatru, Prasenjit) nunca impusieron la no‑violencia como ley, y muchos de ellos lucharon en guerras sin que Buda se opusiera.
Además, Buda nació en la casta guerrera de los Shakya, descendientes de los Lichchhavis y de Lakshmana, hijo de Shri Ram. En los textos budistas, los kshatriyas son exaltados por su valor y su papel en la defensa de la sociedad.
La política del Dhamma de Ashoka
Tras la sangrienta guerra de Kalinga, Ashoka se arrepintió y adoptó el Dhamma como guía moral del imperio. Sin embargo, su interpretación redujo la política militar a la mera proclamación de ahimsa, descuidando los pilares clásicos de la gobernanza: la justicia, el castigo y la defensa.
El resultado fue un ejército desarmado, armas oxidadas y satrapías que comenzaron a rebelarse. En los 40‑45 años posteriores a su muerte, el gran imperio Maurya se desintegró, no solo por la debilidad de sus sucesores, sino porque la política de no‑violencia institucionalizada había erosionado la capacidad de defensa del Estado.
El Dhamma de Ashoka no se basó en el Dharma eterno del hinduismo ni en la enseñanza budista, sino en la culpa personal de un monarca violento. Buda nunca buscó gobernar ni desarmar a los reinos; su mensaje era individual.
Consecuencias del Dhamma en la India
La fragmentación del imperio permitió el surgimiento de la dinastía Sunga, que intentó restaurar el orden hindú. Sin embargo, la larga época de pasividad había dejado una población acostumbrada a la inacción, lo que facilitó la conquista de regiones como Afganistán, Pakistán y Bangladesh por fuerzas musulmanas.
El debilitamiento de la clase guerrera kshatriya, la sustitución de su rol por actividades mercantiles y la marginación de los budistas bajo los Shunga contribuyeron a la pérdida de la capacidad militar y cultural de la civilización india.
Impacto del Dhamma más allá de la India
En los territorios donde el Dhamma se difundió (Afganistán, Asia Central, Sudeste Asiático), la valentía de los pueblos hindú‑budistas se debilitó. Cuando los hunos, los árabes y, más tarde, los conquistadores musulmanes atacaron, las comunidades budistas, que habían adoptado la política de no‑violencia estatal, fueron rápidamente sometidas o aniquiladas.
Este proceso explica, según el autor, la desaparición casi total del budismo en la India y la pérdida de la mayoría de los hindúes en regiones como Afganistán y Pakistán.
¿Qué se propone ahora?
El texto concluye que, para garantizar su supervivencia, los hindúes deben superar la cobardía y la pasividad inculcadas por la política del Dhamma. Propone una revalorización del entrenamiento militar, la defensa del territorio y la recuperación del espíritu guerrero tradicional, sin dejar de respetar los valores éticos.