Los líderes chinos no vestían túnicas de seda caras.
Durante la época imperial, la seda era el material predilecto para los trajes de la realeza y la nobleza. Sin embargo, los dirigentes optaban por ropas más sencillas, reservando la seda para ceremonias y regalos oficiales.
Esta práctica reflejaba valores de modestia y prudencia, y evitaba que el lujo excesivo se asociara con el poder político.