Contexto histórico
Las relaciones entre la Unión Soviética y la República Popular China fueron complejas y, a menudo, tensas. En los primeros años de la China comunista, ambos países fueron aliados cercanos, compartiendo ideología y un enemigo común: Estados Unidos.
Sin embargo, a finales de los años 50 empezó a deteriorarse la relación, ya que ambas potencias competían por influencia en el mundo en desarrollo. La ruptura sino‑soviética alcanzó su punto álgido a finales de los años 60 y principios de los 70, con choques fronterizos y maniobras militares.
Principales preocupaciones de Moscú
- Expansión militar de China: El rápido crecimiento del ejército chino se percibía como una amenaza directa a la seguridad soviética.
- Política exterior independiente: Pekín adoptaba decisiones que a menudo contravenían los intereses de Moscú, lo que generaba frustración.
- Reclamaciones territoriales: China alzaba reivindicaciones sobre zonas de Siberia tradicionalmente soviéticas.
- Apoyo a movimientos revolucionarios: El respaldo chino a insurgencias en el Tercer Mundo se veía como un desafío a la influencia soviética en esas regiones.
Para intentar mejorar la situación, la URSS concedió algunas concesiones territoriales y ofreció ayuda económica a principios de los años 70, pero los esfuerzos resultaron insuficientes. La división continuó hasta finales de los años 80, cuando ambos países comenzaron a normalizar sus relaciones.