En la antigua China se desarrollaron varios estilos de escritura, cada uno adaptado a diferentes usos y épocas. A continuación se describen los principales:
Escritura en sello (Zhuànshū)
Es la forma más antigua de escritura china, utilizada aproximadamente entre 1500 a.C. y 221 a.C. Se empleaba en documentos oficiales y en inscripciones sobre bronce, jade y cerámica. Sus caracteres son pictográficos, es decir, recuerdan la forma de los objetos que representan.
Escritura clerical (Lìshū)
Derivada de la escritura en sello, estuvo en uso entre 200 a.C. y 200 d.C. Presenta trazos más simplificados y rectos, lo que facilita una escritura rápida. Era la opción predilecta para documentos administrativos y registros.
Escritura regular (Kǎishū)
Surge durante la dinastía Han Oriental (25‑220 d.C.) y se consolida como el modelo estándar de la caligrafía china. Sus trazos son claros y uniformes, lo que la hace legible y fácil de aprender. Hoy en día sigue siendo la forma principal de escritura en China.
Escritura cursiva (Cǎoshū)
Estilo muy fluido que evolucionó a partir de la escritura clerical en la dinastía Han. Sus trazos rápidos y continuos pueden resultar difíciles de descifrar. Se utilizaba sobre todo en correspondencia personal, poesía y borradores.
Escritura semi‑cursiva (Xíngshū)
Combina la claridad de la escritura regular con la rapidez de la cursiva. Se empleaba en contextos formales como cartas, ensayos y obras literarias, ofreciendo un equilibrio entre legibilidad y velocidad.
Estos estilos reflejan la evolución de la caligrafía china y su adaptación a distintas necesidades a lo largo de los siglos.