Héroe de la Guerra Civil
Ulysses S. Grant (Ulysses Simpson Grant, nombre inspirado en el héroe de la Odisea) nació en Ohio en 1822. A los 17 años ingresó en la Academia Militar de West Point por recomendación del congresista Thomas Hammer, bajo el nombre de Ulysses Simpson Grant, que mantendría durante toda su vida.
Tras graduarse, sirvió como oficial en la Guerra México‑Estados Unidos, alcanzó el rango de teniente coronel y, tras un episodio de alcoholismo, renunció al ejército y se estableció como granjero en St. Louis.
Cuando estalló la Guerra Civil en 1861, se reincorporó al ejército de la Unión. Tras destacar en la captura de Fort Donelson en 1862, fue ascendido a general de división. Sus victorias en Shiloh, Vicksburg y Chattanooga le consolidaron como uno de los comandantes más eficaces del Norte.
En 1864, lideró la campaña del Overland y el asedio de Petersburg, culminando con la rendición del general confederado Robert E. Lee en Appomattox. El presidente Abraham Lincoln lo nombró General‑Comandante del Ejército de la Unión, un cargo que había sido creado por George Washington para su predecesor.
Aunque su estilo se basó en la presión constante y, a veces, en tácticas de gran número de tropas, los costos humanos fueron menores que los del bando confederado: aproximadamente 154 000 soldados de la Unión murieron bajo su mando, frente a 191 000 del Sur. Por ello, la historiografía lo considera el mejor comandante de la Guerra Civil.
18.º presidente de los Estados Unidos
Tras el asesinato de Lincoln, el vicepresidente Andrew Johnson asumió la presidencia, pero sus políticas reaccionarias lo alejaron del Congreso republicano. Grant, ahora ícono militar, se alineó con la facción radical del Partido Republicano.
En 1868 ganó las elecciones presidenciales con más del 50 % del voto popular, convirtiéndose en el presidente más joven de la época. Su mandato (1869‑1877) estuvo marcado por la Reconstrucción del Sur, la aprobación de leyes para proteger a los afroamericanos y la oposición a grupos como el Ku Klux Klan.
Sin embargo, la administración Grant también estuvo empañada por escándalos de corrupción, sobre todo el "Whiskey Ring", en el que funcionarios de su gobierno desviaron impuestos sobre el whisky. Grant no participó directamente, pero la percepción pública deterioró su popularidad y la de su partido.
Durante su presidencia, Estados Unidos entró en la llamada "Era Dorada", caracterizada por el auge de los industriales Carnegie y Rockefeller y por crecientes conflictos entre capitalistas y trabajadores. En el Sur, la discriminación racial se intensificó: surgieron sistemas como el "convict leasing", que obligaba a presos –principalmente afroamericanos– a trabajar en condiciones de semi‑esclavitud para empresas privadas.
En política indígena, la administración Grant dejó de perseguir la violencia abierta de la era Jackson, pero impulsó la asimilación forzada de los pueblos nativos, promoviendo la educación cristiana y la reubicación, lo que provocó sufrimientos y muertes entre los pueblos como los Sioux.
Al término de su segundo mandato, Grant viajó por el mundo. En 1879 visitó Japón, donde se reunió con el emperador Meiji en los jardines de Hamarikyu, convirtiéndose en el primer presidente estadounidense en visitar el país.
Ulysses S. Grant falleció en Nueva York en 1885. Su autobiografía, terminada pocos días antes de su muerte, se convirtió en un bestseller y sigue siendo una fuente valiosa para comprender la Guerra Civil y la Reconstrucción.
Valoración personal de Ulysses S. Grant
En la antigua Roma no había distinción entre militares y civiles; figuras como Julio César combinaban el mando militar con la política. En la era moderna, pocos han logrado destacar en ambos campos. Grant es un ejemplo clásico: sobresaliente como general, pero limitado como presidente.
Su legado militar es indiscutible; sin embargo, su gestión política se vio afectada por la corrupción de su entorno y por la falta de una política firme contra la discriminación racial. Aun así, bajo su gobierno la economía estadounidense creció de forma exponencial, dando origen a magnates industriales que marcarían la historia del país.