Durante el siglo XIX y principios del XX, millones de irlandeses llegaron a Estados Unidos y se establecieron mayormente en ciudades del Noreste y del Medio Oeste. Allí encontraron trabajo en distintos sectores que impulsaron la expansión económica del país.
Construcción
Los irlandeses fueron fundamentales en la construcción de canales, carreteras, ferrocarriles y la infraestructura urbana. Sus habilidades en albañilería, carpintería y otros oficios de la obra fueron muy demandadas.
Manufactura
Trabajaron en fábricas textiles, de ropa, calzado y en la industria del hierro, contribuyendo al crecimiento del sector industrial estadounidense.
Servicio doméstico
Muchas mujeres irlandesas se emplearon como criadas, cocineras y niñeras en hogares de clase media y alta, ofreciendo servicios esenciales.
Transporte
Se desempeñaron como obreros ferroviarios, operadores de barcos de canal y carreteros, facilitando el traslado de mercancías y personas.
Minería
En regiones mineras, especialmente en minas de carbón y cobre, su fuerza física y resistencia fueron muy valoradas.
Policía y bomberos
Integraron los cuerpos de policía y de bomberos de ciudades como Nueva York, Boston y Chicago, aportando a la seguridad pública.
Gobierno y política
Algunos alcanzaron cargos políticos, como alcaldes, congresistas e incluso candidatos presidenciales, entre ellos Al Smith, que se postuló en 1928.
Pequeños negocios
Con el tiempo, muchos abrieron sus propios establecimientos –pubs, tiendas de abarrotes, salones–, dinamizando la economía local.
Estas ocupaciones reflejan la diversidad de trabajos que los inmigrantes irlandeses desempeñaron, dejando una huella duradera en la historia social y económica de Estados Unidos.