Durante las décadas de 1830 y 1840 la población de los Estados Unidos casi se duplicó, pasando de unos 12,5 millones a más de 23 millones. Este salto se debió a una combinación de factores demográficos, económicos y políticos.
1. Oleada masiva de inmigración
Millones de europeos cruzaron el Atlántico buscando trabajo y libertad religiosa. Los irlandeses, huyendo de la Gran Hambruna (1845‑1849), y los alemanes, escapando de la Revolución de 1848, llegaron en grandes números y se establecieron tanto en ciudades costeras como en el interior.
2. Expansión hacia el oeste
El gobierno federal incentivó la colonización del territorio occidental mediante leyes como la Preemption Act de 1841, que permitía a los colonos reclamar tierras antes de que fueran puestas a la venta pública. La apertura de rutas como el Oregon Trail y la adquisición de Texas y el Oregon aceleraron la fundación de nuevas ciudades (Chicago, St. Louis, San Francisco).
3. Mejora de la salud pública
Los avances en medicina, la introducción de la vacuna contra la viruela y la mejora de las condiciones sanitarias redujeron considerablemente la mortalidad infantil y la mortalidad general, prolongando la esperanza de vida.
4. Revolución industrial
El crecimiento de fábricas y ferrocarriles creó cientos de empleos en centros urbanos, atrayendo a campesinos y a recién llegados. La mayor disponibilidad de trabajo impulsó tanto la migración interna como el aumento de la natalidad.
5. Tasas de mortalidad relativamente bajas
Comparada con Europa, la población estadounidense disfrutaba de mejores condiciones de vivienda, acceso a agua potable y menos epidemias prolongadas, lo que generó un aumento natural de la población.
En conjunto, la combinación de inmigración masiva, expansión territorial, avances sanitarios e industriales explican por qué la población de EE. UU. creció tan rápidamente en los años 1830‑1840.