Durante la Guerra Revolucionaria (1775‑1783) las tribus nativas americanas no formaron un bloque homogéneo. Cada pueblo tomó una decisión basada en la protección de sus tierras, su soberanía y sus intereses estratégicos, alineándose ya sea con los británicos o con los colonos estadounidenses.
Alianzas con los británicos
Entre las naciones que apoyaron a Gran Bretaña destacan la Confederación Iroquesa, los delaware y los shawnee. Temían que una victoria americana significara la pérdida de sus territorios y de su modo de vida, por lo que lucharon junto a los británicos en batallas como Oriskany (1777) y Wyoming (1778).
Alianzas con los colonos estadounidenses
Algunas tribus, como los cherokee, choctaw y chickasaw, consideraron que los estadounidenses tendrían más probabilidades de respetar sus derechos territoriales. Proporcionaron alimentos, suministros y apoyo militar, y colaboraron en la negociación de tratados con otras naciones indígenas.
Impacto en el conflicto y consecuencias posteriores
Esta división influyó en el desarrollo de la guerra. El respaldo británico de poderosas tribus les dio una ventaja inicial, pero el apoyo de otras naciones a los colonos fue decisivo para revertir el curso del conflicto.
Tras la independencia, el nuevo gobierno de los Estados Unidos favoreció a las tribus que habían luchado a su lado y discriminó a las que apoyaron a los británicos. Esa política de favoritismo y exclusión marcó las relaciones con los pueblos originarios durante siglos, dejando secuelas que aún afectan a las comunidades nativas.