Contexto histórico
En 1836, tras la Revolución de Texas, la región se declaró la República de Texas, convirtiéndose en un país independiente. Durante los primeros años buscó reconocimiento internacional y, sobre todo, la incorporación a los Estados Unidos.
Obstáculos a la anexión
El proceso de anexión se retrasó varios años debido a factores políticos internos de EE. UU. El Senado estaba dividido: algunos temían que la incorporación de Texas aumentara el poder de los estados esclavistas, mientras que otros consideraban que la expansión territorial era estratégica.
La anexión final
Finalmente, en 1845, el Congreso aprobó la resolución de anexión y Texas se convirtió en el estado número 28 de la Unión. La incorporación marcó el fin de la breve independencia texana y sentó las bases para futuros conflictos, como la Guerra México‑Estados Unidos.