Lejos de estar preocupado, Thomas Jefferson estaba muy entusiasmado con la idea de adquirir el territorio de Luisiana. Cuando en 1803 surgió la oportunidad de comprarlo a Francia, el presidente no dudó en iniciar rápidamente las negociaciones.
La compra, conocida como la Compra de Luisiana, duplicó el tamaño de los Estados Unidos y abrió la puerta a la expansión hacia el oeste.