Durante la Guerra de Independencia, los colonos necesitaban artillería pesada para enfrentarse al ejército británico. Lo lograron mediante varias fuentes complementarias.
Armas capturadas a los británicos
Con el transcurso del conflicto, las fuerzas continentales tomaron barcos, fortalezas y arsenales británicos, apoderándose de sus cañones y municiones. Estas capturas fueron una de las mayores fuentes de artillería para el Ejército Continental.
Apoyo francés
Francia, aliada clave de la causa americana, envió cañones de gran calibre a través de operaciones encubiertas y acuerdos oficiales. El material francés reforzó significativamente la capacidad de fuego de los colonos.
Producción local
A pesar de una industria limitada, se establecieron fundiciones y talleres donde artesanos fundían y fabricaban cañones. Algunas piezas se fundieron a partir de campanas de iglesias y otros metales reciclados.
Corsarios estadounidenses
Los corsarios, autorizados por el gobierno continental, hostigaban la navegación británica y a veces capturaban cañones a bordo de los buques enemigos, trasladándolos a los puertos coloniales.
Donaciones de simpatizantes europeos
Individuos y grupos en Europa, opuestos a la política británica, aportaron fondos o facilitaron la compra de cañones y suministros militares para los colonos.
La combinación de estas fuentes permitió a los colonos contar con la artillería necesaria para defender sus posiciones, atacar fortalezas y navíos británicos, y enfrentarse en duelos de cañones en tierra.