El galeón español Atocha no se hundió hasta el fondo del mar. El 14 de septiembre de 1622 encalló frente a los Cayos de Florida, donde se partió tras ser azotado por un huracán.
El barco quedó sumergido en la zona costera, protegido por los arrecifes y la corriente, lo que facilitó su posterior localización. En 1985, el buscador de tesoros Mel Fisher y su equipo descubrieron los restos del Atocha, recuperando gran parte de su cargamento de plata, oro y mercancías.