Arroz
El arroz era el alimento básico en Japón y siguió siendo esencial durante la guerra. La caída de la producción obligó al gobierno a racionar el grano y a promover el consumo de otros cereales como cebada, trigo y mijo para complementar la dieta.
Batatas y verduras
Las batatas se convirtieron en un sustituto importante del arroz por su alto rendimiento y valor nutricional. Además, se consumían ampliamente verduras de hoja, rábanos, repollos y encurtidos (tsukemono).
Pescado
Al contar con una extensa costa, Japón podía pescar y consumir mariscos. Sardinas, caballa, atún y productos secos como el katsuobushi (virutas de bonito) eran habituales.
Productos de soja
Salsa de soja, miso, tofu y natto (soja fermentada) constituían fuentes clave de proteínas y nutrientes esenciales.
Alimentos deshidratados
Para preservar los alimentos se empleaban técnicas de secado, salado y encurtido. Algas secas, setas y diversas verduras deshidratadas formaban parte de la dieta cotidiana.
Carnes y lácteos limitados
Las carnes y los productos lácteos eran escasos, ya que gran parte de los recursos se destinaban al esfuerzo bélico. No obstante, según la disponibilidad y la zona, se consumían cerdo, pollo, huevos y, en menor medida, leche.
Alimentos recolectados
Ante la disminución de los suministros, muchas familias recurrían a la recolección de plantas silvestres, frutas y verduras para complementar sus comidas.
Raciones oficiales
El gobierno instauró un sistema de racionamiento para garantizar una distribución equitativa de los alimentos esenciales. Las raciones incluían arroz, cebada, trigo, miso, salsa de soja y, en ocasiones, pescado.
La situación alimentaria fluctuó a lo largo del conflicto, alternando períodos de relativa estabilidad con escaseces agudas, sobre todo en las etapas finales de la guerra, lo que supuso un gran desafío para la seguridad alimentaria de la población japonesa.