Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1914, Estados Unidos optó por mantenerse al margen del conflicto. Esta decisión se basó en una combinación de factores geográficos, históricos, políticos y sociales que reforzaron la tradición aislacionista del país.
1. Distancia geográfica
El océano Atlántico separaba a América del Norte de los teatros de guerra europeos, lo que otorgaba a EE. UU. una sensación de seguridad y le permitía observar los acontecimientos sin una amenaza inmediata.
2. Tradición de no involucrarse en alianzas permanentes
Desde el discurso de despedida de George Washington en 1796, el país había adoptado una política de evitar alianzas permanentes y compromisos externos que pudieran arrastrarlo a conflictos ajenos.
3. Política de neutralidad oficial
En 1914, el presidente Woodrow Wilson proclamó la neutralidad de EE. UU., siguiendo la costumbre de emitir declaraciones de neutralidad cuando estallaban guerras en el extranjero. Estas resoluciones buscaban impedir la venta de armas y la concesión de créditos a los beligerantes.
4. Prioridades internas
El país estaba concentrado en sus propios retos: la rápida industrialización, las tensiones laborales, la aprobación de la Enmienda 19 que garantizaba el voto a la mujer y, aunque la Gran Depresión aún no había ocurrido, existían debates sobre la reforma económica y social.
5. Evitar enredos militares y políticos
Los aislacionistas temían que cualquier intervención pudiera arrastrar a EE. UU. a una guerra prolongada y costosa, como la que había devastado a Europa. Preferían centrar sus recursos en la defensa de los intereses nacionales.
6. Falta de una amenaza directa
Al comienzo del conflicto, no se percibía una amenaza inmediata al territorio o a la seguridad estadounidense. La guerra se veía como un asunto exclusivamente europeo.
7. Opinión pública mayoritariamente neutral
La mayoría de los estadounidenses apoyaba la neutralidad y se mostraba reacia a enviar tropas a un conflicto lejano. Los medios y los líderes de opinión reforzaban la idea de que la participación no era necesaria.
Con el tiempo, eventos como el hundimiento del Lusitania (1915), la guerra submarina sin restricciones de Alemania y el Telegrama Zimmermann (1917) cambiaron la percepción pública y llevaron a EE. UU. a abandonar su postura aislacionista y entrar en la guerra.