La Segunda Guerra Mundial (1939‑1945) no fue el resultado de un único evento, sino la convergencia de varios factores políticos, económicos y sociales que se fueron acumulando tras la Primera Guerra Mundial.
El Tratado de Versalles
Firmado en 1919, el tratado impuso duras condiciones a Alemania: pérdida de territorio, reparaciones económicas exorbitantes y la culpa exclusiva de la guerra. Estas humillaciones alimentaron un profundo resentimiento que facilitó el ascenso de Adolf Hitler y el Partido nazi durante la década de 1930.
La Gran Depresión
El colapso económico mundial iniciado en 1929 devastó a muchas naciones, y Alemania sufrió una crisis particularmente aguda. El desempleo masivo y la inestabilidad financiera generaron desesperación, creando un caldo de cultivo ideal para los discursos autoritarios y nacionalistas.
El auge del fascismo
En el período de entreguerras surgieron regímenes fascistas en Italia, Alemania y España. Estos gobiernos, caracterizados por su autoritarismo, nacionalismo extremo y militarismo, prometían restaurar el orden y la prosperidad, atrayendo a poblaciones frustradas por la crisis.
El fracaso de la Sociedad de Naciones
Creada después de la Primera Guerra Mundial para mantener la paz, la Sociedad de Naciones demostró ser incapaz de detener agresiones como la invasión italiana de Etiopía o la expansión japonesa. Su debilidad minó la confianza en los mecanismos internacionales y favoreció el nacionalismo militar.
Imperialismo japonés
Japón buscó expandir su influencia en Asia: anexó Corea en 1910, ocupó Manchuria en 1931 y lanzó una invasión a gran escala de China en 1937. Estas acciones generaron alarma en Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, y aumentaron las tensiones globales.
La invasión de Polonia
El 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia, desencadenando la declaración de guerra de Reino Unido y Francia dos días después. Este episodio marcó el inicio formal del conflicto mundial.