1. Rivalidad de poder y conflicto
Sydney y Melbourne eran las ciudades más prominentes de Australia a finales del siglo XIX. Ambas contaban con economías fuertes, poblaciones numerosas y gran influencia política, lo que generó una intensa rivalidad. Elegir una de ellas como capital habría exacerbado la disputa y dificultado la cohesión nacional.
2. Desventaja geográfica
Las dos ciudades se encuentran en la costa este, lo que las hacía vulnerables a posibles ataques marítimos. Ubicar la capital en una zona costera habría puesto en riesgo a las instituciones gubernamentales.
3. Necesidad de una ubicación central
Para garantizar una comunicación y transporte eficientes a lo largo del extenso territorio, se buscaba una capital situada más al interior. Sydney y Melbourne no cumplían con este requisito.
4. Compromiso y unidad nacional
Se decidió crear una nueva ciudad neutral que no estuviera vinculada a ninguna de las dos metrópolis. Canberra, situada en una posición relativamente central y sin lealtades regionales fuertes, simbolizaba un punto de partida equitativo para todos los estados y territorios.
5. Planificación y desarrollo futuro
Ambas ciudades ya estaban consolidadas y tenían poco espacio para expandirse. Fundar la capital en un sitio nuevo permitió diseñar una ciudad moderna según los principios de planificación urbana de la época, con espacio suficiente para el crecimiento futuro.