La política de la Australia Blanca surgió de una compleja combinación de factores:
Actitudes raciales
En esa época predominaba el racismo y la creencia en la supremacía blanca. Muchos australianos consideraban a los pueblos no blancos, especialmente a los asiáticos, como inferiores. Ese sentimiento influyó en la opinión pública y en las decisiones gubernamentales.
Preocupaciones sociales y económicas
Se temía la competencia laboral de los inmigrantes asiáticos, que, según se pensaba, aceptarían salarios más bajos y pondrían en riesgo los medios de vida de los trabajadores blancos. Las consideraciones económicas y el deseo de mantener un alto nivel de vida para la población blanca fueron determinantes.
Xenofobia
Los sentimientos anti‑chinos y anti‑asiáticos estaban muy arraigados en la sociedad. Las percepciones negativas hacia los inmigrantes chinos, vistos como diferentes y amenazantes, favorecieron la adopción de medidas restrictivas.
Construcción de una identidad nacional
La política reflejaba la intención de crear una identidad nacional australiana basada en la herencia británica. Se creía que una gran llegada de inmigrantes no europeos diluiría el carácter británico del país.
Influencia del Imperio Británico
La política se alineó con las directrices del Imperio británico, que buscaba mantener jerarquías raciales y control sobre sus territorios. Australia, como parte del Imperio, adoptó prácticas similares de exclusión.
Falta de conocimiento y conciencia cultural
La ausencia de comprensión de otras culturas y la incapacidad de reconocer las aportaciones que los inmigrantes no europeos podían ofrecer a la sociedad australiana alimentaron la medida.
Es importante señalar que la política de la Australia Blanca fue producto de su tiempo y ha sido desmantelada. La Australia contemporánea valora el multiculturalismo y rechaza los supuestos racistas que la sustentaron.