Carta de José de San Martín a Ramón Castilla (11 de septiembre de 1848)
San Martín, a los 71 años, casi ciego y enfermo, solicita una pensión digna al presidente peruano Ramón Castilla. En la misiva narra su larga trayectoria militar, los motivos de su exilio y sus reflexiones sobre la situación política de América y Europa.
Saludo y referencia a la carta anterior
Señor General Ramón Castilla,
Lima‑Boulogne‑sur‑Mer, 11 de septiembre de 1848.
Recibí con gran satisfacción su carta del 13 de mayo. Lamento la demora en responder; el paquete llegó el 30 de agosto, tres días después de haber salido de Panamá.
Recorrido militar
Al igual que usted, serví en el ejército español, en la Península, desde los trece hasta los treinta y cuatro años, alcanzando el rango de teniente coronel de caballería. En 1812 arribé a Buenos Aires y, tras ser recibido con desconfianza por parte de la Junta, me dediqué a la causa de la independencia sin atarme a las facciones que se disputaban el poder.
Mi política siempre se basó en dos principios: no involucrarme en los partidos que dominaban Buenos Aires y considerar a todas las Provincias Americanas como Estados hermanos con un objetivo común. Con esa visión proclamé la independencia de varios países y organicé sus ejércitos.
Renuncia a Lima y exilios
Mi encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil me convenció de que mi presencia era el único obstáculo para que Bolívar avanzara hacia Perú. Ofrecí ponerme bajo su mando, pero la situación me obligó a retirarme de Lima, sacrificio que comprometió mi honor pero que, a mi juicio, benefició a la causa.
Tras abandonar Lima me establecí en una estancia cerca de Mendoza, donde corté todo vínculo con mi pasado. Sin embargo, el gobierno de Buenos Aires me persiguió, acusándome de pretender un gobierno militar. La oposición también me utilizó como figura de referencia sin mi consentimiento. Ante esta presión, decidí embarcarme a Europa, donde permanecí hasta 1829. Regresé a Buenos Aires invitado por el gobierno, pero al llegar encontré la revolución de Lavalle y, para no participar en la guerra civil, regresé de nuevo al continente europeo.
Situación actual y petición de pensión
Ahora, a los 71 años, con la vista casi perdida por cataratas y la salud muy deteriorada, deseo pasar mis últimos días en mi patria, pero la reciente revolución de febrero me obliga a preguntar: ¿dónde podré enterrar mis huesos sin exponer a mi familia a los peligros de la inestabilidad?
Mi ceguera me obliga a dictar mis cartas a través de terceros, lo que me resulta sumamente incómodo. Agradezco sus palabras y le ruego que la pensión que solicito sea justa y que, al menos, mis hijos puedan contar con ella tras mi fallecimiento.
Reflexiones sobre el Perú y la situación europea
Los cuatro años de orden y prosperidad que su gobierno ha brindado al Perú no serán fácilmente arrebatados por una minoría ambiciosa. Sin embargo, observo con preocupación los movimientos subversivos que imitan a la revolución francesa, los cuales, a mi juicio, no podrán arraigar en un pueblo honesto.
En Europa, la revolución de febrero ha generado una profunda crisis, con la amenaza de una guerra civil y una grave escasez de recursos que afecta a millones de ciudadanos. Estas turbulencias refuerzan mi convicción de que la estabilidad es el mejor camino para cualquier nación.
Despedida
Le agradezco sus ofrecimientos y le pido que, a pesar de mi edad y mis limitaciones, considere mi petición con benevolencia. Reciba mis más sinceros deseos de éxito en todas sus deliberaciones y mi gratitud por su amistad.
Su servidor,
José de San Martín
Revista peruana, Lima 1879, vol. II, pp. 40‑43.
Notas de autor, Editorial del Nuevo Extremo, Buenos Aires, 2009.
Publicado en: https://portalperu.pe/nota/29-la-conmovedora-carta-san-martin-castilla-71-anos-casi-ciego-donde-dejare-mis-huesos