Historia de Sudamérica

Descripción de Cusco por el secretario personal de Francisco Pizarro

Introducción

El relato de Pedro Sancho, publicado en 1873, recoge la asombrosa admiración que los españoles sintieron al llegar al "ombligo del mundo". Sancho, secretario de Francisco Pizarro, describió con detalle la magnitud y la belleza de Cusco, la capital del Imperio Inca.

Descripción de Cusco por el secretario personal de Francisco Pizarro

Pedro Sancho – Secretario de Pizarro

La ciudad de Cusco

Cusco, residencia de los principales señores, era una urbe tan extensa y hermosa que, según Sancho, merecía ser vista también en España. No habitaba gente pobre; todos los nobles y caciques construían allí sus casas. La mayoría de los hogares estaban hechos de piedra; en algunos solo la fachada era de piedra y el resto de adobe, pero siempre con una orden impecable.

Las calles eran rectas, cruzadas y pavimentadas con pequeñas piedras. En el centro de cada vía corría una zanja de agua flanqueada por piedras. El único inconveniente era su estrechez, lo que dificultaba el paso a caballo.

La ciudad se alzaba sobre una montaña; en sus laderas había casonas y, más abajo, la plaza principal, de forma cuadrada, plana y también empedrada. Alrededor de la plaza se encontraban cuatro casas señoriales, pintadas y talladas en piedra, destacando la del cacique Huayna Capac, cuya puerta principal estaba revestida de mármol blanco, rojo y de otros colores.

Descripción de Cusco por el secretario personal de Francisco Pizarro

Los ríos y puentes

Dos ríos nacían a una legua de altura sobre la ciudad y descendían hasta ella, recorriendo otras dos leguas antes de salir. Ambos estaban canalizados para que el agua fluyera clara y sin inundaciones; cada uno contaba con un puente que permitía el acceso a la urbe.

La fortaleza de la colina

En una colina empinada y redondeada se alzaba una imponente fortaleza de tierra y piedra, con grandes ventanales que ofrecían vistas panorámicas. En su interior había múltiples recintos y una torre central con forma de vasija, de cuatro a cinco niveles.

Los muros estaban construidos con piedras tan perfectamente talladas y pulidas que parecían tablas lijadas, sin usar argamasa. La fortaleza albergaba cientos de habitaciones y torres; Sancho afirmaba que cinco mil hombres podrían alojarse cómodamente.

Esta estructura, descrita como inquebrantable, estaba situada sobre una roca viva y se había ampliado a lo largo del tiempo por diversos señores, comenzando con el señor Orejione, quien la fundó al considerar el lugar ideal para su residencia.

Almacenes y tributos

Desde la fortaleza se podían observar casas a una distancia de una cuarta, media y una legua. En el valle central, rodeado de colinas, había más de cien mil viviendas que servían de almacenes de tejidos, armas, metales y demás productos del territorio.

Algunas casas conservaban los tributos que los pueblos entregaban a los caciques: miles de aves secas para la obtención de plumas de colores, escudos, placas de cobre, cuchillos, herramientas, zapatos y peines de guerra. Cada señor poseía su propio depósito de oro, plata y vestimentas, que no podían ser reclamados por sus sucesores.

Los caciques también contaban con casas de recreo rodeadas de sirvientes y mujeres, y sus campos de maíz se utilizaban para ofrendas al Sol, su principal deidad. Los incas habían erigido numerosos templos dedicados al Sol y entregaban parte de sus bienes a esta divinidad antes de la guerra.

Conclusión

El testimonio de Pedro Sancho brinda una visión vívida de Cusco en el siglo XVI: una metrópolis de arquitectura monumental, fortalezas inexpugnables y una economía basada en tributos abundantes, todo bajo la veneración del Sol.

Documentos literarios del Perú recopilados por el coronel de caballería Manuel de Odriozola (páginas 61‑64).

Publicado en Lima, 1873.

Foto: perutripsplanner.com