El coronelismo fue un fenómeno político brasileño que se desarrolló durante la Primera República.
Se caracterizaba por la figura del coronel, una persona que combinaba poder económico con autoridad local, empleando la violencia y el intercambio de favores para mantener su dominio.
Origen
El término coronelismo proviene de la brasileñización del rango de coronel de la Guardia Nacional. En el siglo XIX, este rango servía para designar los puestos que la élite local podía ocupar dentro del aparato militar y social del país.
El fenómeno se originó en la época de la Regencia (1831‑1842), cuando el Imperio de Brasil carecía de un ejército centralizado y fuerte. El gobierno recurrió a líderes locales para crear milicias regionales que combatieran las rebeliones que se desataban.

Coronel Fabriciano recibe su patente de teniente coronel del distrito de Piracicaba en 1888.
En esa época, los cargos militares —teniente, capitán, mayor, teniente coronel y coronel de la Guardia Nacional— se vendían al mejor postor. Para acceder a la élite era necesario contar con recursos considerables: el coronel debía asumir el costo de uniformes y armas, unos 200 mil réis anuales en la ciudad y 100 mil en el campo.
Para la población local, ser coronel equivalía a poseer un título nobiliario, lo que legitimaba muchas de sus acciones y le otorgaba una autoridad casi feudal.
Este proceso se consolidó a nivel municipal, estableciendo la dominación del coronel sobre el poder público, reforzado por tradiciones patriarcales y la estructura agraria atrasada del interior del país.
El coronelismo se solapa con conceptos como mandonismo, clientelismo e incluso feudalismo, y en América Hispana guarda similitudes con el caudillismo.
Características
La élite coronel era un conglomerado de comerciantes, grandes terratenientes y líderes políticos locales que ejercían una autoridad indiscutida sobre la población.
Los coroneles reclutaban hombres para formar la fuerza militar del gobierno, lo que les permitía mantener la exclusión política y controlar los espacios de representación.
A nivel local, utilizaban milicias para reprimir protestas y garantizar el orden social, siempre velando por sus propios intereses.
Distribuían beneficios, patrocinaban fiestas patronales, actuaban como padrinos de cientos de niños y entregaban ganado a los mejores vaqueros, creando una red de dependencia y miedo conocida como clientelismo.

El coronel Chico Heráclio domina la ciudad de Limoeiro (PE) y declara que las elecciones “debían ser hechas por mí”.
Los territorios bajo control coronel se llamaban “corralitos electorales”. Quien se negara a votar por el candidato del coronel podía sufrir violencia física o incluso la muerte, práctica conocida como el “juramento del cincho”.
Política de los gobernadores y coronelismo
La Primera República se definió por la “política de los gobernadores”. No existían partidos nacionales, solo alianzas regionales. Cada gobernador debía forjar pactos con los coroneles locales para garantizar su victoria en las urnas.
Estas alianzas también se trasladaban al ámbito nacional, cuando los gobernadores se unían para elegir a un candidato presidencial.
Decadencia del coronelismo
A medida que los centros urbanos se modernizaban y surgían nuevos grupos sociales, el poder coronelista comenzó a erosionarse.
La Revolución de 1930, liderada por Getúlio Vargas, puso fin a la forma de hacer política basada en los coroneles.
No obstante, su legado persiste en algunas regiones de Brasil, donde todavía se observan dominios familiares que recuerdan al antiguo coronelismo.
Curiosidades
- La dramaturgia brasileña retrató a varios coroneles, como Odorico Paraguaçu, alcalde ficticio de Sucupira, en la obra “Odorico, el bienamado” (1969) de Dias Gomes.
- El humorista Chico Anysio creó al personaje del Coronel Limoeiro, inspirado en el coronel Chico Heráclio.
- En la literatura, el autor bahiano Jorge Amado describió extensamente el poder de los coroneles en novelas como “Tereza Batista, la mujer del campo”.
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