La cultura brasileña es el resultado del mestizaje de los distintos grupos étnicos que han contribuido a la formación de la población de Brasil.
Esta gran diversidad cultural también se explica por la enorme extensión territorial del país y por las particularidades de cada una de sus regiones.
Los colonizadores blancos que participaron en la construcción de la cultura brasileña provinieron de varios grupos que llegaron durante la época colonial.
Además de los portugueses, durante la Unión Ibérica (1580‑1640) llegaron también españoles. Entre 1630 y 1654, durante la ocupación holandesa del noreste, se establecieron flamencos y holandeses, que permanecieron aun después de la reconquista portuguesa. En la colonia también se asentaron franceses, ingleses e italianos.
No obstante, el legado cultural fundamental proviene de Portugal, cuya historia de inmigración está entrelazada con la de Brasil.
Fueron los colonizadores portugueses quienes iniciaron la formación de la población brasileña, mediante el mestizaje con indígenas y africanos entre 1500 y 1808. Durante tres siglos, los portugueses fueron los únicos europeos que pudieron entrar libremente al territorio.
Formación de la cultura brasileña
La cultura de Brasil se construyó a partir de la integración de elementos indígenas, portugueses, africanos y de los diversos inmigrantes que llegaron a lo largo de los siglos.
Cultura indígena
Los pueblos originarios aportaron mucho a la identidad cultural y social del país. Desde el punto de vista étnico, dieron origen al típico brasileño mestizo: el caboclo (mezcla de blanco e indígena).
En el lenguaje, numerosos términos provienen de lenguas nativas: Pindorama, Anhanguera, Ibirapitanga, Itamaracá, entre otros. En el folklore se conservan leyendas como el curupira, el saci‑pererê, el boitatá y la iara.
En la gastronomía, su influencia es evidente en regiones donde se asentaron, sobre todo en el Norte, con platos como tucupí, tacacá y maniçoba. La raíz de la mandioca se transforma en harina, tapioca y beiju. También heredamos herramientas de caza y pesca, redes, calabazas y comederos.
Cultura portuguesa
Portugal ejerció la mayor influencia europea en Brasil. Los colonizadores trasladaron su lengua, que hoy se habla en todo el país, y su religiosidad marcada por fiestas y procesiones.
Instituciones administrativas, tipologías de construcción en pueblos y ciudades, y prácticas agrícolas forman parte del legado portugués.
En el folklore brasileño se observan numerosos festejos y danzas de origen portugués: la cavalhada, el fandango, las fiestas de junio (muy importantes en el noreste) y la corrida de toros.
Los personajes míticos como la cuca y el coco, así como las cantigas infantiles (el pez que nada, la canción de la rosa, la peonza, etc.) siguen vivos en la cultura popular.
Cultura africana
Los africanos fueron traídos como esclavos y, según sus orígenes (sudaneses, bantúes y musulmanes del Sudán), aportaron distintas tradiciones religiosas, dialectos y costumbres.
Salvador, en el noreste, recibió la mayor concentración de población negra, preservando elementos culturales como el “traje de baiana” (turbante, faldas de encaje, pulseras y collares), la capoeira y los instrumentos musicales (tambor, atabaque, cuíca, berimbau y afoxé).
Su contribución es amplia:
- Gastronomía: vatapá, acarajé, acaçá, cocada, pé de moleque.
- Danzas: quilombos, maracatu y variantes del Bumba‑meu‑boi.
- Manifestaciones religiosas: candomblé en Bahía, macumba en Río de Janeiro y xangó en varios estados del noreste.
Cultura de los inmigrantes
La inmigración en Brasil comenzó en 1808, cuando el rey D. Juan VI abrió los puertos a naciones amigas. Llegaron portugueses, azorianos, suizos, prusianos, españoles, sirios, libaneses, polacos, ucranianos y japoneses, muchos de los cuales se asentaron en Rio Grande do Sul.
Los grupos más numerosos fueron los italianos y los alemanes, concentrados en el sur y sureste. Dejaron huellas visibles en la arquitectura, el idioma, la gastronomía y las fiestas regionales.
La cultura del vino del sur de Brasil se desarrolló en la Serra Gaúcha y la Campanha, donde predominan descendientes italianos y alemanes.
En la ciudad de São Paulo, la gran ola italiana dio origen a barrios como Bom Retiro, Brás, Bexiga y Barra Funda, donde la pasta, la pizza, la lasaña y los cannelloni se convirtieron en parte esencial de la dieta local.