La Guerra de los Vendedores Ambulantes fue un enfrentamiento armado que tuvo lugar en la Capitanía de Pernambuco entre 1709 y 1714. En el conflicto se enfrentaron los grandes hacendados de Olinda y los comerciantes portugueses de Recife, a quienes se les apodó despectivamente "vendedores ambulantes" por su actividad comercial.
Aunque algunos sectores de Olinda manifestaron un sentimiento autonomista y anti‑portugués, llegando incluso a proponer la creación de una república independiente, la revuelta no tuvo carácter separatista.
Del mismo modo, no se puede calificar de movimiento nativista, pues los "vendedores" involucrados eran mayoritariamente portugueses.
Causas y consecuencias principales
La guerra debe entenderse como una disputa por el poder político local, sin pretensiones sociales. Olinda defendía el poder político, mientras que Recife controlaba el poder económico de la capitanía.
El auge del comercio sobre la producción colonial favoreció a los portugueses, que monopolizaban el intercambio en la región. Este dinamismo comercial empobreció a los hacendados de Olinda, quienes se vieron obligados a endeudarse para mantener sus plantaciones.
La caída internacional del precio del azúcar impidió a los plantadores pagar sus deudas. La Corona vendió los derechos de cobro a los comerciantes de Recife (los "vendedores ambulantes"), quienes lucraron con los intereses de los deudores olindenses.
Los hacendados, además, rechazaron la emancipación administrativa de Recife, pues la ciudad era una importante fuente de recaudación tributaria para Olinda.
El conflicto culminó con la emancipación política de Recife, que pasó a ser la capital de Pernambuco, demostrando el favoritismo de la Corona hacia los comerciantes portugueses. Para calmar la situación, se concedió amnistía a los participantes y se estableció que el capitán‑mayor debía permanecer seis meses en cada distrito.
Contexto histórico
Desde 1654, con el inicio de la expulsión de los holandeses, los hacendados perdieron gran parte del capital de inversión. Al mismo tiempo, los mismos holandeses, ahora instalados en las Antillas, comenzaron a producir azúcar, lo que generó una fuerte competencia y una caída de los precios internacionales del azúcar.
Mientras Olinda declinaba y sufría las secuelas de las guerras contra los holandeses, Recife se enriquecía y se consolidaba como un importante centro comercial, gracias a su puerto, considerado uno de los mejores de la colonia.
En 1703 los comerciantes recifenses obtuvieron representación en la Cámara de Olinda, y en 1709 la Corona les concedió el estatus de villa, lo que les permitió erigir el Pelourinho y el edificio del Ayuntamiento, marcando su autonomía respecto a Olinda.
En 1710, bajo el liderazgo de Bernardo Vieira de Melo y del capitán‑general Pedro Ribeiro da Silva, los hacendados descontentos de Olinda, alegando que Recife violaba los límites territoriales, atacaron la ciudad, destruyeron el Pelourinho y liberaron a los presos.
El año siguiente, los vendedores se reagruparon y contraatacaron, tomando Olinda y obligando a los hacendados a refugiarse. Ese mismo año la metrópoli nombró un nuevo gobernador y envió tropas para sofocar la rebelión y capturar a sus líderes. En 1712 Recife se convirtió en la sede administrativa de Pernambuco.
En 1714 el rey Juan V concedió amnistía a los involucrados, permitió a los hacendados conservar sus propiedades y perdonó sus deudas a cambio de que no volvieran a iniciar hostilidades.
Para profundizar:
- Ciclo de la caña de azúcar
- Capitanías hereditarias
- Historia de Pernambuco