Sam Houston sí prestó juramento de lealtad a la Confederación en 1861, pero su postura política era contradictoria. Como gobernador de Texas, aceptó el juramento bajo presión, sin embargo, mantenía una firme oposición a la secesión de los Estados Unidos.
Houston creía que la unión era esencial para la estabilidad del país y temía que la ruptura provocara conflictos mayores. Su rechazo a apoyar activamente la causa confederada lo llevó a ser destituido de su cargo y a retirarse de la vida pública.