En realidad, durante la Primera Guerra Mundial no existían tanques tal como los conocemos hoy. Las fuerzas aliadas y centrales emplearon vehículos blindados primitivos, como los primeros “landships” británicos Mark I al Mark V, así como algunos modelos franceses, alemanes e italianos. Sin embargo, estos aparatos eran poco fiables, con frecuentes fallos mecánicos y limitaciones operativas.
Estados Unidos entró en el conflicto en 1917, cuando la tecnología de los tanques aún estaba en pañales. Por ello, el ejército estadounidense no tuvo que enfrentarse a tanques enemigos, ni desplegó sus propios modelos de forma significativa. Su defensa se basó en la infantería, la artillería y las tácticas tradicionales de la guerra de trincheras.