Estados Unidos pasó de ser una nación emergente a la potencia dominante del planeta gracias a tres momentos decisivos en su historia.
Guerra Hispano‑Estadounidense (1898)
Este conflicto contra España, motivado por el control de Cuba y Puerto Rico, culminó con una victoria rotunda para EE. UU. El tratado de París (1898) entregó a Estados Unidos Puerto Rico, Guam y Filipinas, ampliando su territorio y su influencia en el Caribe y el Pacífico.
Primera Guerra Mundial (1914‑1918)
Aunque inicialmente neutral, Estados Unidos entró en la guerra en 1917 del lado de los Aliados (Reino Unido, Francia y Rusia). Su aporte económico, industrial y militar fue crucial para la victoria aliada y marcó el inicio del protagonismo estadounidense en la política internacional.
Segunda Guerra Mundial (1939‑1945)
Tras el ataque a Pearl Harbor en 1941, EE. UU. se involucró plenamente en el conflicto, liderando operaciones en Europa y el Pacífico. La derrota de las Potencias del Eje consolidó a Estados Unidos como la principal superpotencia mundial, con una economía y una capacidad militar sin precedentes.