Tras la Primera Guerra Mundial, Estados Unidos adoptó una política de aislacionismo impulsada por varios factores.
Consecuencias de la Gran Guerra
El conflicto dejó un profundo sentimiento de rechazo a futuras guerras. La enorme pérdida de vidas y el costo económico generaron un deseo generalizado de evitar cualquier intervención militar en asuntos extranjeros.
Sentimiento aislacionista en la sociedad
Durante los años 20 y 30, la opinión pública favoreció la idea de que EE. UU. debía concentrarse en sus problemas internos, como la prosperidad económica y la estabilidad social, en lugar de involucrarse en la política internacional.
El Pacto Kellogg‑Briand
En 1928, el país firmó el Pacto Kellogg‑Briand, que declaraba la guerra como un medio ilegítimo para resolver disputas. Este acuerdo reforzó la postura aislacionista y dio a muchos estadounidenses la impresión de que la paz estaba garantizada.
El colapso del aislacionismo
Sin embargo, a finales de los años 30 la expansión del fascismo en Europa y el militarismo japonés cambiaron la percepción de la amenaza global. Ante el riesgo de un conflicto mundial, EE. UU. abandonó su política de no intervención y, tras el ataque a Pearl Harbor en 1941, entró oficialmente en la Segunda Guerra Mundial.