Sir Walter Raleigh no fue ejecutado por el rey Jacobo I inmediatamente después de su ascenso al trono. En 1603, Jacobo I le concedió el perdón y Raleigh disfrutó de varios años como cortesano de buena reputación.
Sin embargo, en 1617 organizó una expedición a Sudamérica con la intención de encontrar la legendaria ciudad de El Dorado, desobedeciendo las órdenes reales que prohibían tales aventuras. La expedición fracasó, y Raleigh fue arrestado a su regreso.
En 1618, el rey Jacobo I, considerándolo una amenaza y una traición, firmó la orden de ejecución. Raleigh fue ahorcado el 29 de octubre de 1618 en la Torre de Londres.